Ojo rojo

Imagen ojo normal

Ojo normal

Imagen con ojo rojo

 Ojo afectado

 

El ojo rojo es uno de los motivos más frecuentes de visita de urgencias oftalmológicas y, aunque muchas veces se debe a una inflamación leve de la superficie ocular, también puede ser signo de patologías oculares graves. Por ello, es importante acudir al oftalmólogo para confirmar el diagnóstico y valorar el grado de severidad.

El ojo rojo puede ser síntoma de distintos procesos:

Conjuntivitis: los vasos sanguíneos de la conjuntiva –membrana transparente que recubre la parte blanca del globo ocular– pueden inflamarse y conferir un aspecto rojizo al ojo por varias causas: infecciosas (virus o bacterias), alérgicas (polen, especialmente en primavera, u otros alérgenos como los ácaros) o irritativas (cosméticos, cloro de las piscinas etc.)

Además de la conjuntivitis, otros procesos inflamatorios que también pueden dar lugar a enrojecimiento ocular son la queratitis(inflamación de la córnea) o la uveítis(inflamación de la úvea, membrana que envuelve el interior del ojo y que es el tejido con más vasos sanguíneos del organismo).

Sequedad ocular: el ojo seco, bien sea porque la cantidad o la calidad de la lágrima es insuficiente, provoca que la superficie ocular no esté bien lubricada y, por tanto, puede hacer que se inflame y se irrite, enrojeciéndose. Este problema de origen multifactorial afecta, con diferentes grados de severidad, a alrededor de un 20% de la población, como consecuencia de cambios hormonales, factores ambientales, enfermedades sistémicas, otras patologías oculares, etc.

Mal uso de lentes de contacto: llevar las lentillas demasiadas horas, dormir con ellas o tener una higiene inadecuada a la hora de manipularlas y conservarlas son prácticas que propician la aparición de irritaciones/infecciones y, con ello, del ojo rojo. También es desaconsejable bañarse con las lentes de contacto puestas, debido a la presencia de microorganismos en el agua como la Acanthamoeba, que puede infectar al ojo de forma grave y producir una úlcera corneal.

El enrojecimiento ocular es uno de los signos característicos de las úlceras corneales, lesiones que amenazan la visión si no se tratan a tiempo y que, generalmente, son de origen infeccioso.

Ataque agudo de glaucoma: aunque lo más habitual es que el glaucoma no ofrezca síntomas hasta fases avanzadas de la enfermedad, uno de los signos que a menudo acompaña un ataque agudo en pacientes con el ángulo ocular estrecho es el ojo rojo. Esto se debe al bloqueo de este ángulo por el que se drena el líquido que baña el interior del globo ocular, de modo que su cierre aumenta de forma repentina y brusca la presión intraocular.

Endoftalmitis: la infección de todo el globo ocular es una de las causas más severas de enrojecimiento, ya que pone en riesgo tanto la integridad del ojo como de la visión. En caso de que sea exógena, el agente infeccioso puede introducirse a través de un traumatismo abierto o de una cirugía intraocular (algo que ocurre en menos de 1 de cada 1.000 intervenciones), mientras que si es endógena, la infección invade el ojo a través del torrente sanguíneo del propio paciente.

Otras posibles causas de ojo rojo son diferentes tipos de traumatismos (desde la introducción de cuerpos extraños, hasta erosiones corneales, quemaduras químicas o perforaciones oculares), así como el rechazo de un trasplante de córnea.

¿Cómo actuar?

Ante la gran variedad de patologías y problemáticas que pueden dar lugar al ojo rojo, es importante valorar los otros síntomas asociados que se presentan. En este sentido, la pérdida de visión y el dolor son las principales señales de alarma que deben motivar la visita de urgencias al oftalmólogo, donde también es necesario acudir si pensamos que se trata de una rojez puntual –que se alivia normalmente con el uso de lágrimas artificiales–, pero no remite pasadas 24 horas.

Un examen oftalmológico resulta indispensable para determinar qué hay detrás del ojo rojo y poder iniciar el tratamiento requerido, evitando que se desencadenen posibles complicaciones.