“Tengo baja visión”

Llamar la atención sobre la baja visión para evitar la incomprensión y el desamparo de las personas que padecen esta condición es el objetivo de una campaña impulsada por un grupo de pacientes y de profesionales que tratan a diario con estos pacientes

La Sociedad Española de Especialistas en Baja Visión (SEEBV) presentó, en su último congreso, el distintivo “Tengo Baja Visión”, impulsado en 2013 por la Asociación de Afectados por la Retinosis Pigmentaria de Guipúzcoa (Begisare) para visibilizar a los pacientes que padecen esta condición.

Según advierte Carol Camino, presidenta de la SEEBV y coordinadora del Área de Baja Visión de IMO, “debemos tener presente que en España hay alrededor de 2 millones de personas que no son reconocidas como ciegas legales pero cuya limitación visual (agudeza visual inferior a 0,3 y campo visual inferior a 20º) repercute de manera significativa en su calidad de vida”.

Dado que muchas veces no somos conscientes que entre ver y no ver hay muchos grados, que no todo es blanco o negro, a menudo se producen situaciones de incomprensión con estos pacientes, que empiezan en las propias casas y continúan al salir a la calle. “A la gente se le hace difícil entender que alguien pueda estar mirando el móvil o leyendo el periódico y luego se tropiece, choque con una persona u objeto o pida ayuda para cruzar. Sin embargo, esto es precisamente lo que provoca el glaucoma, una de las principales patologías causantes de baja visión al reducir progresivamente el campo visual de los afectados”, explica la especialista.

Como añade, “cada enfermedad y cada paciente tiene sus circunstancias. Por ejemplo, en el caso de quienes sufren DMAE ocurre justo lo contrario: gozan de buena visión periférica mientras que su visión central y de detalle se deteriora cada vez más”. Así pues, los motivos detrás de la baja visión son múltiples, aunque tienen en común que no pueden solucionarse con corrección óptica convencional 8gafas o lentes de contacto) o tratamiento médico, farmacológico o quirúrgico.

Una alternativa para los pacientes

Esto no significa, sin embargo, que los pacientes deban sentirse “desamparados y en tierra de nadie” como ocurre actualmente en muchas ocasiones. “Hay salidas” –afirma Carol Camino– “ayudas ópticas personalizadas que van desde lupas, microscopios y telescopios hasta filtros selectivos o sistemas electrónicos que permiten aprovechar y potenciar el resto visual de cada persona en función de sus objetivos y prioridades”.

Ahora bien, para sacar partido de estas ayudas es fundamental la motivación de los pacientes, que llega tras una fase de aceptación y voluntad de superarse: “Reconocer la propia condición es el primer paso para que otros también lo hagan”. Este es el objetivo del distintivo “Tengo baja visión”, un ojo verde que identifica a las personas que la padecen y que en los dos años que lleva en marcha ha conseguido dar visibilidad a este colectivo, cada vez más numeroso debido al envejecimiento de la población y al avance de la oftalmología que ha evitado muchos casos de ceguera total.

Por ello, la esperanza que representa el color del símbolo “Tengo baja visión” no solo viene dada por las mejoras en las ayudas visuales y los progresos en el campo de la genética para las patologías oculares hereditarias, sino también por la creciente sensibilización del entorno. “Queda mucho camino e iniciativas como esta nos ayudan a recorrerlo” concluye Carol, quien destaca la importancia de comprender y abordar la baja visión desde diferentes ángulos, apelando a “la colaboración entre afectados, asociaciones de pacientes, oftalmólogos, optometristas especializados en baja visión, rehabilitadores visuales y otros profesionales como médicos de familia o endocrinos”.