Lentes de contacto: una opción cada vez más utilizada

El uso de lentes de contacto está cada vez más extendido en nuestro país. Según un estudio presentado en 2012 en la Gaceta Business (revista del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas), en España hay 2,5 millones de usuarios de lentes de contacto. Esta cifra, que equivale a un 7,4% de la población de entre 12 y 65 años, no deja de aumentar, y pone de manifiesto que las lentillas son una opción en creciente consideración por muchos usuarios.
imagen primer paso colocación lente contacto

Tal y como afirma Mireia Campos, óptica optometrista del IMO, “aunque en la mayoría de ocasiones se utilizan para corregir defectos refractivos, del mismo modo que lo haría una gafa, las lentes de contacto también son indicadas para disminuir aberraciones o ‘imperfecciones’ oculares, así como para reducir el dolor o la incomodidad después de un traumatismo o de algunas cirugías”. En este último caso, hablamos de lentes terapéuticas, que actúan de forma similar a un vendaje protector, evitando el contacto directo del ojo con el párpado y acelerando así el proceso de cicatrización. “Este tipo de lentes no se extraen por la noche, sino que son de porte continuado y, por ello, presentan características especiales: son muy finas y su contenido de agua varíaen función del paciente”, añade la especialista en contactología.

Diferentes tipologías de lentes de contacto

Debemos tener en cuenta, pues, que existen diferentes tipologías de lentes, y que lo realmente importante es seleccionar el más adecuado, el que mejor se ajusta a las necesidades visuales de cada persona y a sus motivaciones (hacer deporte, ir al trabajo, ocasiones especiales…). La clave para que las lentes de contacto resulten cómodas y prácticas, sin causar molestias, es una buena adaptación y un correcto uso, siguiendo medidas básicas de conservación e higiene que permitan mantenerlas en perfecto estado. Los tipos de lentes de contacto más habituales son los siguientes:

  • Blandas: Son las más conocidas y se emplean para compensar defectos refractivos moderados en pacientes con miopía, hipermetropía y astigmatismo.
  • Semirrígidas: Son más pequeñas, más duras y, por tanto, menos flexibles que las lentes blandas. Se utilizan en caso de astigmatismo muy elevado o irregularidad corneal.
  • Híbridas: Son la mezcla de los dos anteriores tipos y se usan cuando no es posible adaptar una lente semirrígida porque el paciente no la tolera, no centra bien o no alcanza las irregularidades periféricas de la córnea.
  • Esclerales: Se utilizan en los mismos casos que una lente híbrida y también son aconsejables para pacientes con ojo seco severo ya que, al ser más rígidas y grandes, pueden llenarse de lágrima artificial, creando un reservorio que mantiene el ojo permanentemente húmedo.

Conservación de las lentes

Por su experiencia en el ámbito de la contactología, Mireia Campos tiene muy claro que “las lentes de contacto son un método seguro siempre y cuando se haga un buen uso y mantenimiento de ellas”. La optometrista del IMO ofrece algunas recomendaciones básicas:

  • La córnea necesita respirar y, por ello, es importante recordar que las lentes tienen que ponerse, como mínimo, 20 minutos después de levantarse, y quitarse 20 minutos antes de ir a dormir. Nunca debemos acostarnos con las lentillas puestas, a no ser que se nos indique lo contrario, y se aconseja no llevarlas más de 8 horas diarias (aunque la media se sitúa en 9,45 horas/día).
  • La córnea debe estar constantemente humectada para funcionar de forma correcta, lo que requiere utilizar lágrima artificial durante todo el porte de las lentes (no solo al quitarlas). Es preferible que esta lágrima artificial sea en monodosis, es decir, sin conservantes.
  • La higiene es fundamental. De ahí que tengamos que limpiar las lentes y cambiar el líquido del estuche que las conserva a diario, pese a que no las usemos cada día. En el caso de las lentes semirrígidas, híbridas y esclerales debemos, además, frotarlas bien con el jabón indicado, para que no se acumulen depósitos de lípidos y proteínas que provoquen incomodidad y lleguen a comprometer la visión.
  • Si tenemos el ojo especialmente rojo o notamos sensación de incomodidad o sequedad, molestias, dolor o visión borrosa, debemos quitarnos la lente de inmediato (no llevarla nunca si está agrietada o rota) y ponernos en contacto con el especialista.

Es imprescindible que las lentillas estén siempre húmedas, tanto en el estuche como en nuestros ojos. Para ello, disponemos de la solución única y de las lágrimas artificiales.

Es imprescindible que las lentillas estén siempre húmedas, tanto en el estuche como en nuestros ojos. Para ello, disponemos de la solución única y de las lágrimas artificiales.

¿Pueden llevar lentillas los niños?

Al contrario de lo que se cree, no hay una edad mínima para usar lentes de contacto. Como explica la optometrista Mireia Campos, “en niños muy pequeños con ambliopía u ojo vago, las lentes se utilizan como alternativa a las gafas o al tradicional parche oclusor, que en ocasiones puede producir dermatitis o resultar incómodo. Cuando esto ocurre, el niño, sin ser consciente de la importancia de llevar el parche, opta por quitárselo. Ante esta situación, lo que podemos hacer es prescribir una lente de contacto blanda que, tintada con la pupila opaca o con una graduación muy elevada, cumpla la misma función y haga que el cerebro ignore la imagen percibida por ese ojo”. A partir de los 11 años, también puede ser aconsejable el uso de lentillas para corregir errores refractivos moderados, presentando significativas ventajas respecto a las gafas. Según Mireia Campos, “las lentes de contacto ayudan a un correcto desarrollo del sistema visual y contribuyen al aprendizaje basado en la percepción, ya que proporcionan el mismo tamaño de imagen entre ambos ojos, incrementan el campo visual periférico y facilitan la rehabilitación visual de niños con afaquia (sin cristalino)”.

En verano, ¿hay que adoptar precauciones especiales con las lentillas?

El verano es época de sol, playa y piscina, por lo que los usuarios de lentes de contacto deben adoptar precauciones especiales, recordando que bañarse o practicar deportes acuáticos con las lentillas puestas puede resultar una peligrosa fuente de infecciones y/o úlceras corneales. Mireia Campos destaca que “es importante que las lentes no toquen nunca el agua, ya que, aunque no lo parezca, contiene numerosos gérmenes y bacterias. Como alternativa, existen gafas de natación que permiten graduar el cristal para ver cómodamente bajo el agua. Si no es posible prescindir del uso de lentillas, se recomienda utilizar las diarias y desecharlas al salir del agua”. Por último, la óptica optometrista del Instituto aclara que “aunque las lentillas no puedan tocar el agua (ni la saliva), deben estar siempre húmedas, tanto en el estuche como en nuestros ojos. Para ello, disponemos de la solución única y de las lágrimas artificiales”.