Finaliza el entrenamiento para “aprender a ver” con el primer chip de retina comercial IRIS®II

Medio año después de la implantación pionera del dispositivo en IMO, la paciente con retinosis pigmentaria ubica objetos y detecta movimientos gracias a este nuevo paso en visión biónica.

Testimonio Rosario Juez - Chip retina - Carol Camino

La primera paciente en Europa a quien se ha implantado el chip de retina IRIS®II de forma comercial ha completado su proceso de rehabilitación visual y ha superado con éxito el test de evaluación del dispositivo, a los 6 meses de la cirugía pionera que se le practicó en IMO. Tras este periodo, Rosario Juez ha pasado de la oscuridad absoluta debido a la retinosis pigmentaria a percibir estímulos luminosos que le permiten ubicar y distinguir objetos, aprendiendo a asociar la visión biónica –“puntos e hilos de colores”, según describe– a la visión real.

Su experiencia corrobora los resultados del ensayo clínico multicéntrico llevado a cabo, también con la participación de IMO, para probar la eficacia y seguridad del chip de retina diseñado por Pixium Vision. Este estudio europeo, que sigue paralelamente en marcha para realizar un seguimiento a largo plazo de los casos, ha demostrado una mejora del rendimiento visual después de medio año en un elevado porcentaje de pacientes implantados, a los que ahora se suma el testimonio de Rosario.

El Dr. Corcóstegui fue el encargado de implantar a Rosario el chip de retina IRIS®II, el primer paso para activar el dispositivo un mes después y empezar la rehabilitación visual.

Rehabilitación visual integrada

Las capacidades que Rosario ha adquirido gracias a 40 horas totales de entrenamiento en consulta –combinadas con práctica en su casa– son el escaneo con la mirada, la localización y la orientación de objetos, la detección de movimiento, así como el reconocimiento de diferentes tipos de formas, tamaños y contrastes. Carol Camino, especialista en baja visión responsable de la rehabilitación visual, explica que “empezó ejercitándose con objetos grandes y compactos de color blanco sobre fondo negro y, progresivamente, ha ido superándose e incorporando mayor grado de dificultad. En las pruebas de evaluación realizadas en febrero ha conseguido, por ejemplo, situar un terrón de azúcar o una cucharilla de café sobre un fondo gris, aplicando la visión biónica en un entorno en el que las condiciones ya no son artificiales, sino semejantes a la realidad”.

La paciente de Salamanca destaca, sobre todo, las herramientas que le ha proporcionado el chip de retina en su vida cotidiana. Actualmente, lo utiliza unas 2 horas diarias y, aunque debe seguir adaptándose a su uso para sacarle el máximo potencial, ya ha podido apreciar pequeños pero significativos cambios. En su hogar, Rosario puede saber cuándo se ha dejado la luz y el televisor encendidos o dónde está su perro guía, mientras que al salir a la calle cuenta con una ayuda complementaria para sortear todos esos elementos que para ella son obstáculos (árboles, bancos, papeleras, farolas, bordillos de las aceras…).

El primer paseo por la Sagrada Familia y sus alrededores fue un reto más para Rosario y la consolidación de sus esfuerzos para entrenar con la visión biónica.

La visión biónica, en evolución

Para Rosario, la visión biónica es “un sueño hecho realidad”, una ansiada oportunidad para ganar calidad de vida y, a la vez, contribuir a dejar un valioso legado científico. “Mi hija también padece retinosis pigmentaria y todavía le queda mucho por delante. Espero que no tenga que llegar a mi situación; quiero que vea que hay esperanza”, afirma.

Según comenta, “hay muchos escollos para las personas invidentes, por lo que cualquier mejora o facilidad es importante a la hora de ganar un poco de autonomía”. Con este objetivo, la mirada está puesta en aumentar la definición que pueden obtener los receptores del chip de retina a través del desarrollo de nuevos modelos con más electrodos, cuya implantación ya se está comenzando a testar.

Rosario tiene claro que su experiencia y la de otros pacientes que han probado la generación actual de estimuladores eléctricos de la retina es clave para lograr este avance y que todavía queda mucho recorrido por hacer. El Dr. Borja Corcóstegui, involucrado en los estudios iniciales del chip de retina hace más de 20 años e investigador principal del ensayo clínico con el IRIS®II en IMO, encargado de realizar la cirugía de implantación de Rosario, concluye que “este es un paso más dentro de la compleja tecnología de la visión biónica para llegar a ofrecer solución efectiva a pacientes con ceguera”.