Blanca Estrella Blanco

Perder la capacidad de percibir detalles a raíz de un agujero macular no es un proceso fácil de asumir, y por eso la confianza en los especialistas de IMO fue clave para Blanca, quien destaca que invertir en salud es invertir en calidad de vida.
Blanca Estrella Blanco

La riojana Blanca Estrella Blanco cruzó por primera vez las puertas de IMO en 1999. Después de la visita inicial con el Dr. José García-Arumí, decidió seguir su tratamiento en el Instituto. Pero, ¿qué fue lo que convenció a Blanca? ¿Cuál fue la razón que la impulsó a ponerse en manos de los especialistas de IMO? Ella lo tiene claro: “desde el primer momento me transmitieron confianza, algo imprescindible en una situación tan compleja a nivel psicológico y emocional”. Y es que sobrellevar una enfermedad como el agujero macular, que provoca un pérdida progresiva de la visión de detalle, no es un proceso fácil y suele generar muchas dudas. Por eso, Blanca valoró especialmente “el trato natural del doctor y su equipo, quienes se preocuparon por mí y me animaron a afrontar la situación”. En este sentido, la paciente de IMO destaca que la naturalidad con la que trataron su caso le proporcionó gran seguridad y fuerza para seguir adelante.

De hecho, el Dr. García-Arumí, especialista en retina del Instituto, ha realizado más de 1.000 intervenciones de agujero macular desde 1992, año en que IMO empezó a aplicar de forma pionera en Europa nuevas técnicas quirúrgicas para el tratamiento de la enfermedad. Según afirma el oftalmólogo, “hemos avanzado mucho desde entonces y los resultados cosechados son cada vez mejores, con una tasa de cierre del agujero macular superior al 90%”. Un claro ejemplo es el de la propia Blanca, quien vio como su calidad de vida mejoraba notablemente después de la operación.

No obstante, el camino hasta allí no fue fácil y los altibajos no dejaron de estar presentes ya que, al cabo de unos años, Blanca sufrió un desprendimiento de retina en el otro ojo, el izquierdo, que ya había padecido esta dolencia con anterioridad. La paciente se puso de nuevo en manos de su oftalmólogo de confianza, el Dr. García-Arumí, con un resultado muy satisfactorio. Después de todo el proceso de operaciones, Blanca no lleva gafas y ha alcanzado un grado de agudeza visual superior al habitual, aunque no puede leer ni estar mucho tiempo delante del ordenador: “enseguida se me cansa la vista y me bailan las letras y los números”, a lo que añade que “esto es lo más insignificante que me ha podido pasar puesto que he sabido compensarlo buscando otros intereses, como escuchar la radio, mirar la televisión o ir a exposiciones”.

Esta actitud constructiva y positiva, que no se deja llevar por el derrotismo, es la que ha caracterizado la historia de superación de Blanca, cuya experiencia demuestra que no hay luz sin sombras. Por ello, nos confiesa que gracias a lo vivido ha aprendido a apreciar aquello verdaderamente importante, la salud, porque “invertir en salud es invertir en mi propia calidad de vida y en la de los que me rodean”.