Cuando el queratocono es un asunto de familia

10 de julio de 2019

Pablo, un joven de 17 años, achinaba los ojos en clase y no se ponía las gafas porque no veía bien con ellas. Él y sus padres lo achacaron a un problema de graduación pero, cuando acudieron al oftalmólogo especialista, la “culpa” no resultó ser de las gafas, sino del queratocono, una patología ocular que, si no se controla, puede amenazar seriamente la visión y es la primera causa de trasplante de córnea en jóvenes.

El de Pablo no es un caso aislado entre adolescentes y jóvenes, ya que los primeros síntomas de esta enfermedad (que en 3 de cada 4 pacientes se diagnostica antes de los 25 años), son pérdida de visión e incremento del astigmatismo. “Mientras que otros defectos refractivos, como la miopía, pueden ir variando con la edad, el astigmatismo está presente o no desde el momento del nacimiento y se mantiene estable a lo largo de los años. Por tanto, ante un aumento repentino, no se trata solo de cambiar las gafas o las lentes de contacto, sino que debemos sospechar de un queratocono”, alerta el Dr. Óscar Gris, del Departamento de Córnea, Catarata y Cirugía Refractiva de IMO.

A menor edad, mayor riesgo

Como explica el especialista, “esta patología consiste en una deformación de la córnea o pared anterior del ojo, que se adelgaza en su zona central y, en vez de ser esférica, adopta una forma cónica”. Cuanto más temprana es la edad de inicio, más agresivo suele ser el queratocono, ya que mayor es el riesgo de que progrese y lo haga a gran velocidad. En este sentido, el Dr. Gris destaca que “pacientes de 13-15 años pueden perder hasta un 20-30% de su visión en apenas un par de meses”.

Actualmente, se dispone de un tratamiento efectivo para frenar el queratocono: el crosslinking corneal, que une la acción de una vitamina (riboflavina) con radiación ultravioleta para endurecer la córnea y evitar que siga deformándose. Tiene una efectividad superior al 95% y para Pablo y sus padres fue un “alivio”, ya que esta técnica permite evitar un trasplante de córnea en muchos casos. Pero, para ello, es fundamental detectar la patología a tiempo.

El queratocono suele ser más agresivo en edades tempranas. Por eso, es importante diagnosticarlo precozmente con revisiones oculares periódicas, sobre todo en caso de antecedentes familiares.

Una patología familiar

Una “pista” para no pasar por alto el queratocono es estar atentos a los antecedentes de la familia, al tratarse de una enfermedad que a menudo tiene un componente genético y puede estar presente en varios de sus miembros. Así le ocurrió a Belén, de 13 años, que, a raíz del problema de su hermano mayor, Pablo, fue explorada, diagnosticada y tratada –también con crosslinking– muy precozmente. Sin embargo, ¿cómo habían heredado el queratocono si no se había manifestado antes en la familia?

Según el Dr. Gris, “es habitual que haya queratoconos subclínicos, formas muy leves que no llegan a desarrollarse. Aún así, es importante detectarlos y controlarlos de cerca, porque pueden empeorar o transmitirse a la descendencia”.

Queratocono “frustrado”

Estos queratoconos subclínicos o frustres también deben tenerse especialmente en cuenta en pacientes que quieren operarse de cirugía refractiva. “No son buenos candidatos a técnicas láser porque este actúa quitando tejido corneal y una córnea débil tiene más riesgo de que pueda acabar deformándose”, advierte el oftalmólogo, quien pone de relieve la importancia de realizar una exploración preoperatoria exhaustiva y una buena indicación quirúrgica.

Finalmente, concluye que “otro aspecto que puede desencadenar un queratocono es el hábito de frotarse los ojos de manera enérgica y repetida, ya que en estos pacientes se ha visto una mayor incidencia de la patología”.

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