Guillem

13 de abril de 2022

La motivación de Guillem era jugar mejor a fútbol. La de sus padres y la del equipo de optometristas y oftalmólogos de IMO era que pudiera recuperar el 100% de visión en su ojo vago y tener percepción en 3D. Gracias a su implicación a fondo en la terapia visual, con ejercicios individualizados en casa y en consulta, se consiguieron todos los objetivos.

Llevar parche todo el día no era fácil para Guillem, que, con apenas 5 años, tenía solo un 30% de visión en el ojo derecho, su “ojo vago” a causa de una hipermetropía. Preocupados al notar que el niño no mejoraba con este tratamiento y que le resultaba muy molesto, también en el ámbito social, sus padres decidieron buscar una alternativa y confiar en la terapia visual. Consultando en Internet dieron con IMO, donde, tras analizar el caso, les indicaron reducir la oclusión a solo 2 horas y combinarla con este procedimiento optométrico personalizado.

Según destacan, en el Instituto encontraron todos los medios tecnológicos a su alcance y un equipo de profesionales volcados en Guillem. “No podemos estar más agradecidos a Elena Núnez (optometrista responsable de la terapia), a la Dra. Ana Wert (oftalmóloga que llevó el seguimiento médico) y a todo el personal del centro, desde recepción hasta cafetería”, comenta su padre, Juan Antonio, quien añade que “nos lo pusieron muy fácil”.

Semana tras semana, esos “¿cómo te encuentras Guillem?” o “¡va, que ya te queda menos!”, les animaron a seguir adelante, ya que la terapia visual es un proceso progresivo que requiere mucha dedicación, tanto en consulta como a diario en casa. A través de distintos tipos de ejercicios, Elena Núñez explica que, con Guillem, pasaron por tres fases para potenciar y automatizar las habilidades visuales afectadas por el “ojo vago”: “En la primera etapa, la monocular, nos centramos específicamente en ese ojo para mejorar su capacidad de fijación, enfoque, movimiento etc. A partir de ahí, realizamos un entrenamiento binocular para evitar la competencia entre ambos ojos y hacer que los dos se ejercitaran y, por último, logramos que trabajaran juntos de manera binocular para alcanzar la estereopsis o visión en 3D”.

Todo ello, permitió a Guillem obtener una visión del 100% en ambos ojos, hito que consiguió tras 8 meses, mucho antes de lo previsto gracias a la implicación de sus padres y, sobre todo, a su propia motivación. Pero, ¿cómo convencer a un niño de que debe ir a la sesión de terapia visual una vez a la semana y hacer cada día ejercicios oculares cuando llega del colegio? Para la optometrista, el secreto está en que sienta el objetivo como propio, por lo que el reto personal de Guillem fue jugar mejor a fútbol. La falta de percepción tridimensional le limitaba en los partidos y este fue el estímulo que le empujó a dar el máximo en la terapia, convirtiéndose a la vez en su punto de conexión con la optometrista, también gran aficionada a este deporte.

Deporte y libros

Con constancia y mucha voluntad –había días que incluso realizaba más ejercicios de los que le tocaba– llegó el día en que Guillem entró en la consulta de IMO dando saltos de alegría y gritando emocionado que ya jugaba bien a fútbol. Pero no solo eso: con el avance del proceso, también fue dándose cuenta de que otras aficiones, como el esquí, o muchas actividades cotidianas le resultaban más fáciles. Por ejemplo, descubrió su pasión por la lectura y mejoró en las tareas escolares. Como explica Juan Antonio, quien reconoce el mérito de su hijo, “siempre ha sido un buen estudiante, aunque necesitaba realizar un sobreesfuerzo visual y dedicarse más que otros compañeros. Ahora, su rendimiento académico se ha disparado y estamos muy orgullosos de él”.

Guillem (en la derecha de la imagen), junto a su hermano. Además del fútbol, el esquí es otra de sus grandes aficiones.

Este es el fruto del compromiso de Guillem y su familia con la terapia visual, cuyo resultado final ha quedado integrado y plasmado en el día a día del pequeño, ahora ya con 8 años. “No podemos estar más contentos”, concluye su padre, consciente de que “cuando los niños están creciendo es una edad de oro para que puedan recuperar el máximo potencial de su visión”.

IMO Instituto de Microcirugía Ocular

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