Susana Mendoza

Motivación, tiempo y adaptación son las claves de Susana para sacar el máximo provecho de su resto visual y, gracias a las ayudas ofrecidas en el Área de Baja Visión de IMO, retomar su vida y su pasión por la pintura.
Paciente Mejicana 1080

Susana Mendoza viajó de México a Barcelona para ver a su hermana, quien le recomendó aprovechar la ocasión para visitarse en IMO. Ella aceptó, pese a que, tras haber sufrido una lesión cerebral y haber ido mejorando progresivamente, creía que tenía un grado correcto de visión. Sin embargo, después de realizar la consulta con la Dra. Cecilia Salinas (Departamento de Retina y Vítreo) y de someterse a pruebas de campimetría y de microperimetría, fue derivada al Área de Baja Visión, ya que además de tener la agudeza visual afectada, se comprobó que había perdido la mitad del campo visual.

Según confiesa, “fue un golpe”, pero conocer esta limitación le ayudó a entender sus circunstancias y a explicar por qué no percibía los rostros de la gente al caminar. Y, sobre todo, le hizo ser consciente de todo el potencial de mejora que tenía por delante: “Quiero recuperar mi visión” se dijo, teniendo claro que, si bien no ocurriría de un día para otro, no podía conformarse y dejarse vencer. 

En opinión de Carol Camino, coordinadora del Área de Baja Visión del Instituto, “la motivación del paciente es fundamental” y, en el caso de Susana, este era un importante ingrediente a favor del éxito. Así que se pusieron manos a la obra para detectar sus necesidades y adaptar ayudas visuales (gafas con prismas, telescopio, telemicroscopio, filtros selectivos…) que le permitieran llevar a cabo diferentes actividades cotidianas y desenvolverse a varias distancias. Por ejemplo, “como pintora, sus requisitos a la hora de mirar el caballete o de perfilar detalles son distintos”, apunta la especialista en baja visión.

“Azul”, cuadro de estilo geométrico pintado por Susana Mendoza en su proceso de recuperación visual.

Volver a poner color

Precisamente en el ejercicio de su profesión, Susana ha logrado ir plasmando su mejoría. Como destaca, “desde el inicio sabía que mi nivel de exigencia no podía ser el mismo que antes de la lesión y que para progresar debía aprender a manejarme con lo que tenía. Por eso me ponía música y dejaba bailar el pincel sobre el lienzo, sin preocuparme de cuál sería el resultado”. De este modo, empezó practicando con simples dibujos, luego experimentó con el geometrismo y, poco a poco, fue reencontrándose con su estilo realista. Ahora, con las ayudas proporcionadas, se desenvuelve con más rapidez y comprende mejor qué está pintando, aunque determinar el grosor de cada pincel para escoger el más adecuado o ver si está cargado de pintura sigue siendo un reto para ella.

Para Susana, quien se muestra muy satisfecha con los cambios que se han ido produciendo, “todo es cuestión de tiempo y de adaptación”. Por su parte, Carol Camino recuerda lo que le dijo el primer día: “Dependerá de ti y de tu implicación, porque para que las ayudas funcionen es indispensable aprender a usarlas y eso requiere un trabajo duro y constante”, que en el caso de Susana ha incluido, además de las sesiones en consulta, ejercicios de terapia visual en casa para entrenar su motricidad ocular, los movimientos sacádicos que hacen los ojos al leer y los seguimientos. 

Con empeño y confianza, Susana sigue avanzando en este proceso de rehabilitación visual que afronta con gran compromiso y esperanza y que le ha permitido salir de la oscuridad para volver a poner color no solo a sus cuadros, sino también a su vida.