Carla

Carla se operó de estrabismo con dos años y medio de edad y, a pesar de lo pequeña que era, sus padres estaban muy tranquilos gracias a la información y al trato recibidos en IMO. Los resultados cumplieron sus expectativas: la niña corrigió sus problemas de visión y, con ello, empezó a mostrarse más segura y abierta.

Testimonio de Carla: cirugía de estrabismo infantil

Carla tenía un comportamiento muy diferente al de su hermano mellizo, Aleix. Sus padres notaban que la pequeña se mostraba especialmente insegura y retraída: “Siempre andaba cogida de la mano, no tenía ganas de correr ni de ir en patinete y en la guardería a menudo se quedaba apartada”, explican. Ahora, Carla es una niña juguetona, alegre y comunicativa, que entra saltando cada vez que viene a IMO y se divierte revisando los ojos de su muñeca, igual que hace la optometrista que la visita a ella. El cambio en su carácter y desarrollo están ligados a su mejora visual.

“Con dos años y medio, ya notamos que Carla desviaba la mirada y decidimos traerla al Instituto para encontrar una respuesta”, comenta Meritxell Camps. Según la madre de Carla, aquí les dieron un diagnóstico preciso: por un lado, tenía hipermetropía –que se le corrigió con gafas– y, por otro, un tipo de estrabismo que, aunque mejoró con el uso de la corrección óptica, requería cirugía. “La Dra. Ana Wert fue muy clara y nos dijo que no perdiéramos el tiempo; que si queríamos ayudar a nuestra hija era mejor no retrasar la intervención. Así que nos dejamos aconsejar, ya que queríamos que Carla empezara el parvulario (o la “escuela de mayores”, como dice ella) con plenas capacidades.”

A partir de ahí, todo fue muy rápido y enseguida se operó. La cirugía de estrabismo era algo desconocido para sus padres, pero estaban convencidos de haber tomado la decisión correcta: “Recibimos mucha información por parte de IMO y la doctora nos explicó el proceso paso por paso, de modo que sabíamos exactamente lo que iba a ocurrir”. Esta confianza también se la transmitieron a Carla, a quien sus padres se lo explicaron como si fuera un cuento, logrando que estuviera calmada y que colaborara en todo momento, desde los instantes previos en la sala de espera infantil, hasta el postoperatorio.

Carla entrando con sus padres en IMO, donde tienen la confianza y seguridad de estar en buenas manos.

Sin tiempo que perder

Después de la operación –ambulatoria y sin necesidad de entrar dentro del globo ocular–, la niña no sintió ningún dolor, solo una sensación de arenilla en los ojos. Las primeras horas tuvieron que estar atentos para evitar que se los tocara, aunque pronto superó la molestia y al día siguiente ya estaba jugando en el parque. Carla no solo fue volviendo a su día a día, sino que se lanzó a explorar y descubrir su entorno, con la curiosidad y la vitalidad típica de la edad. “La visión ya no era una limitación para ella”, asegura satisfecha Meritxell, quien añade que “como madre, respiras tranquila cuando en el colegio la profesora te dice que tu hija participa y se relaciona con los compañeros, a diferencia de lo que ocurría en la guardería, y ves que ha dejado atrás su timidez e inseguridades”.

La Dra. Wert destaca que “al solucionar los problemas de visión a edades tempranas, es habitual que los niños confíen más en sí mismos y, como consecuencia, tengan un carácter más abierto y desarrollen sus habilidades motoras. De mayores, la mejoría se aprecia, sobre todo, en el rendimiento académico”. Por este motivo son fundamentales las revisiones oftalmológicas periódicas en la etapa de desarrollo visual (que abarca hasta los 8 años) y, en opinión de Meritxell, “en cuanto se detecta el problema, hay que actuar, ya que supone un beneficio enorme para el niño, tanto para su educación como para su vida”.