Un domador de caballos salva su visión en el IMO tras recibir una coz de uno de sus ejemplares

23 Jun 2011

Un domador de caballos salva su visión en el IMO tras recibir una coz de uno de sus ejemplares

Técnicas

Francesc Marquès Taltavull recibió una inesperada coz de uno de sus caballos en abril de 2003. Propietario de un Escuela de Doma Menorquina en Ciutadella, Marquès vive de y para los caballos. Son su pasión, su oficio y a ellos ha dedicado toda su vida hasta que sufrió este accidente

Kaley, el ejemplar que le asestó una coz en la cara, era, además, un caballo nacido y criado por Marquès. Nunca antes había dado muestras de agresividad, ni había sufrido cambios de actitud repentinos, como el de aquel día del mes de abril de 2003, en el que “algo” hizo que golpeara a su amo. “Nunca he llegado a saber qué le pasó –explicó Marquès– tal vez se asustó, le picó algún bicho…”. Recibió un fuerte impacto en la cara que le afectó al ojo.

Pese a todo, tuvo suerte, ya que “si me llega a dar medio centímetro más arriba, en la zona de la frente, el desenlace podría haber sido fatal”. Marquès perdió la visión del ojo de inmediato. Ingresó en un centro de Palma de Mallorca y allí le dieron 15 días para tomar una tremenda decisión: si accedía a que le extrajesen el ojo y le implantaran uno de cristal.

Cuando todo parecía perdido, alguien le recomendó pedir una segunda opinión en el IMO. El menorquín no dudó en visitarse en Barcelona, donde el Dr. Carlos Mateo, le apremió a operarse para no perder definitivamente la visión. Al cabo de una semana, pasaba por quirófano. La retina había quedado desplazada y replegada y el doctor logró recolocarla, de forma que el paciente abandonó el IMO con visión.

Un año y medio después, tenía lugar una segunda intervención: un transplante de córnea que le practicó el Dr. José Luis Güell y cuyo resultado fue, también, satisfactorio. El paciente obtuvo un grado aceptable de visión –su problema era que “veía borroso”, según explicaba– y estuvo pendiente de una posible tercera intervención: la implantación de una lente ocular.

En el accidente, el cristalino quedó muy afectado y tuvo que ser extraído. Una lente le solucionaría este déficit, pero para que su implantación fuera viable, el ojo debería recuperar presión, algo que sólo puede producirse de forma natural. Llegue o no llegue ese momento con el tiempo, Marquès se sintió muy agradecido al IMO, especialmente a los doctores Mateo y Güell, por salvarle un ojo que, según un primer diagnóstico, parecía destinado a perderse.

Gracias a ello, Francesc Marquès sigue con su vida normal, entrenando caballos, practicando con ellos la doma menorquina, realizando espectáculos ecuestres y enseñando a montar. Entre sus 40 ejemplares, todavía se encuentra Kaley, actualmente un caballo de 15 años, al que su dueño no le guarda ningún rencor y que nunca ha vuelto a comportarse de la extraña manera en la que lo hizo en abril de 2003. Sin embargo, en los días siguientes al accidente, el animal sí tuvo un comportamiento especial: “fue una reacción muy llamativa; se ponía en un rincón y no levantaba la vista. Parecía avergonzado por lo que había hecho o temeroso de recibir una reprimenda que nunca le llegó”. Marquès reemprendió enseguida su actividad, sin ningún temor. “Supongo que me pasa como a los toreros, que pese a recibir una cornada, siguen toreando sin miedo”.

Francesc Marquès se dedica a los caballos desde pequeño. Se trata de una tradición familiar que ya se remonta a su abuelo, que continuó su padre y en la que ya están involucrados también sus hijos. Toda la familia está volcada en la Escuela Ecuestre Menorquina, la única existente en Ciutadella y una de las tres que hay en la isla. La doma menorquina surge como una tradición de las fiestas populares de la isla. A partir de movimientos propios de los caballos menorquines (raza autóctona), se ha ido estableciendo una doma específica, diferente de la doma clásica o la vaquera. Entre las características diferenciales de la menorquina, destacan la vuelta invertida y los paseos sobre las dos patas traseras.