Rafael Ribó, presidente de Ulls del Món: "En 10 años hemos vivido muchas historias del milagro que es recuperar la visión"

Diez años después de que el Dr. Borja Corcóstegui y Rafael Ribó acordaran impulsar una fundación, Ulls del Món sigue trabajando por la salud visual

Hoy Rafael Ribó hace un balance de esta primera década de Ulls del món. Además de presidir la Fundación, durante estos años, se ha convertido en el Síndic de Greuges (Defensor del Pueblo de Catalunya), un cargo que le obliga, también, a permanecer muy atento a las necesidades de las personas, aunque en un entorno muy distinto.

¿Qué balance hace de estos 10 años de Ulls del món?
La Fundación empezó con un primer empujón voluntarista y ahora, diez años después, es una fundación con un sello de seriedad y rigor, que trabaja en el medio y largo plazo y que ha realizado una contribución importante para que los países en los que actuamos asuman por sí mismos las políticas de salud ocular.

¿Qué papel ha jugado el IMO en todo ello?
El papel del IMO ha sido muy importante desde el principio. La primera expedición estuvo formada por cuatro personas del IMO: los doctores Borja Corcóstegui e Isabel Nieto, Francisca Rodríguez y la instrumentista de quirófano Marta Oller. Desde entonces, el IMO no ha dejado de aportarnos know-how y una gran implicación por parte de doctores, enfermeras... También ha hecho una gran labor con oftalmólogos nativos que vienen a formarse al IMO y nos ha ayudado a dar a conocer a la Fundación entre sus pacientes, muchos de los cuales se han enganchado a Ulls del món. Y todo ello, con una gran generosidad y humildad... Aunque el Dr. Corcóstegui, nuestro vice-presidente, es uno de los mejores oftalmólogos del mundo, siempre quiere pasar desapercibido.

¿Cuál destacaría como principal logro de Ulls del món?
El mayor logro conseguido es haber definido muy claramente la misión de la Fundación: contribuir a la mejora de la salud ocular de las zonas con mayores problemas de desarrollo del planeta, y haberla hecho realidad.

¿Cuál es la principal dificultad con la que se han encontrado?
La evolución ha sido muy lenta porque ha habido indolencia por parte de los gobernantes y se han seguido políticas de colaboración equivocadas, oscilantes... Ha habido algunos lugares en los que ni siquiera hemos podido actuar, aunque teníamos la intención de hacerlo, como en ciertas zonas de Malí o en Gaza, donde la situación es demasiado complicada. Una máxima de la Fundación es no poner en peligro la salud de nuestro personal.

¿Recuerda de forma especial alguna historia personal de las muchas con las que se deben haber encontrado durante estos diez años de andadura?
Hay muchas historias del "milagro" que conseguimos con la Fundación: personas que no veían desde hacía años y que, en cuestión de horas, recuperan la visión. Es muy impactante y más de una vez me han hecho llorar. Por ejemplo, hemos devuelto la visión a un niño de 8 años; a una mujer que no veía a su sobrino desde hacía 10 años y quedó impactada al comprobar, de repente, cómo había crecido... También recuerdo que en Malí, una mujer se arrodilló delante de mí al recuperar la visión pensando que era yo el oftalmólogo que la había operado, que en aquel caso fue la Dra. Nieto. También pasan cosas increíbles como la inauguración de una unidad con quirófano en Bankas (Malí), donde nos recibieron miles de personas con bailes, ofreciéndonos sus mejores productos autóctonos... Para ellos era el acontecimiento más importante después de la inauguración de la escuela. Ahora, ese centro está en primera línea de la salud ocular, en un lugar en el que antes tenían que recorrer cientos de kilómetros para recibir atención oftalmológica.

¿Cuáles son los próximos objetivos de la Fundación?
Hasta ahora, hemos cumplido nuestros objetivos. Ahora queremos seguir trabajando para que nuestros proyectos sean sostenibles: que sean los autóctonos los que lleven las bridas de cada proyecto. De momento, no tenemos previsto extender la actividad a nuevos países, sino intensificarla en los que ya estamos: llegar a más gente, hacer una labor intensa de prevención, educación, formación, comunicación entre las comunidades... Ahora queremos no sólo formar a oftalmólogos, sino también a médicos generales, ópticos, enfermeras y trabajar para que los servicios sean más asumidos por personal de allá. Esto ya ocurre, por ejemplo, en El Alto (Bolivia), donde más de 10.000 personas ya han sido atendidas por personal boliviano. Por otro lado, también trabajaremos para lograr una mayor implicación con organizaciones internacionales que nos permita crear sinergias.

¿Qué es la Nit dels Ulls?
La Nit dels Ulls es una cena anual que organizamos desde el primer año, con tres objetivos muy claros: informar sobre lo que hacemos, recaudar fondos y fidelizar a las personas de nuestro entorno para que sigan colaborando con el proyecto y se conviertan en propagandistas del mismo. Hemos estado en Barcelona, Madrid, Bilbao, Lisboa, Andorra... Este año le vuelve a tocar a Barcelona. Será el 25 de noviembre en el Palau Nacional de Montjuïc.

¿Está abierta a todo el mundo?
¡Por supuesto! Aprovecho para animar a todos los pacientes del IMO y a los lectores de la revista en general a venir a la cena y hacer, así, su aportación particular al proyecto Ulls del món. Para nosotros es muy importante ya que casi el 10% de nuestro presupuesto anual proviene de este evento.

¿Cómo vive las diferencias entre los problemas de países más pobres del mundo y los de nuestra sociedad, con los que trabaja a diario como Síndic de Greuges?
Aquí no tenemos las dificultades en salud ocular que en otros países, pero sí tenemos fracturas sociales importantes, en educación, en la necesidad de dependencia de la gente mayor... ¡Lo último en lo que hay que recortar es en políticas de inclusión social!

¿Ha repercutido la crisis económica en un aumento de quejas en la Sindicatura?
Sí, en el sentido que la crisis ha conllevado recortes sociales, en salud y educación.

¿Cuáles son actualmente sus asuntos prioritarios como Síndic?
Destacaría el trabajo por poner en valor a la gente mayor, por lograr que sean consideradas como personas activas y necesarias y no como personas que ya no pueden aportar nada y que hay que abandonar en una residencia... Otro punto importante son los casos de riesgo de menores. En este sentido, a raíz
del caso de Alba, la niña de 5 años que en 2006 quedó en coma por los maltratos de su padrastro, desde la Sindicatura logramos que las administraciones consensuaran unos protocolos que han demostrado ser eficaces. Otro aspecto de trabajo importante es la emigración: trabajar para que todo el mundo sea tratado con igualdad.

¿Cree que estamos lejos de lograr esa igualdad de trato?
Actualmente, nuestra sociedad muestra indicios de segregación escolar que dificulta la igualdad de oportunidades. En Catalunya, hay escuelas con un 97% de emigración frente a otras con un 15%, unos porcentajes que no corresponden a la realidad social de los barrios. La xenofobia es una de las principales amenazas de la sociedad actual. Tenemos que estar vigilantes y no confiarnos. Y si no, pensemos en la matanza de Noruega del pasado mes de julio...