Motivación, tiempo y adaptación, claves de la rehabilitación visual

El entrenamiento para usar las ayudas de baja visión permite sacar el máximo provecho del resto visual de los pacientes, como es el caso de Susana Mendoza, quien ha podido retomar la pintura tras su paso por el Área de Baja Visión de IMO

La baja visión es una condición a menudo desconocida, por lo que muchas personas afectadas (entre 1,5 y 2 millones en España) se encuentran sin orientación e ignoran las ayudas que existen para potenciar su resto visual. El hecho de que no puedan “volver a ver” ni con la corrección óptica adecuada ni con tratamientos médicos, farmacológicos o quirúrgicos, no significa que no puedan desenvolverse con mayor autonomía en determinadas actividades cotidianas y mejorar su calidad de vida.

Pruebas, ayudas y ejercicios

Este es el objetivo del Área de Baja Visión de IMO, donde, tras el examen y el diagnóstico oftalmológico, se valora el grado máximo de visión que puede aprovechar cada paciente y la mejor forma de conseguirlo. Para ello, se le hace un exhaustivo cuestionario que permite conocer sus necesidades visuales y, a continuación, se le practican las pruebas oportunas para medir su agudeza visual, estado de refracción y campo visual, además de la sensibilidad al contraste, la percepción de los colores y otros aspectos. Realizar este cuidadoso y completo estudio es fundamental para garantizar la efectividad de las ayudas visuales que se prescriban en cada caso.

Estas ayudas, indicadas y ajustadas de manera personalizada,  pueden ser de múltiples tipos: ópticas, como filtros, lupas, telescopios o microscopios;  no ópticas, por ejemplo atriles, tiposcopios, macrotipos o luces especiales; y electrónicas, incluyendo videolupas, zooms digitales o una gran variedad de apps. Para que funcionen, la clave no es solo que el especialista ofrezca un buen asesoramiento sino, sobre todo, que el paciente aprenda a usarlas mediante ejercicios y entrenamiento para completar la rehabilitación visual.

Implicación en el proceso

Por esta razón, en opinión de Carol Camino, coordinadora del Área de Baja Visión del Instituto, “la motivación es fundamental para lograr unos buenos resultados”, algo que requiere aceptar la limitación visual para poder superarla y que no siempre resulta sencillo. Para Susana Mendoza, fue un “golpe” descubrir que solo tenía la mitad del campo visual, pero este fue el punto de partida para empezar a entender sus circunstancias y ser consciente del potencial de mejora que tenía por delante. 

A esta paciente mexicana se le proporcionaron diferentes ayudas (gafas con prismas, telescopio, telemicroscopio, filtros selectivos…) para que pudiese desenvolverse a varias distancias, ya que, como pintora, sus demandas visuales son distintas a la hora de mirar el caballete o de perfilar detalles. A partir de ahí, las sesiones en la consulta de baja visión se complementaron con ejercicios de terapia visual en casa para entrenar su motricidad ocular, los movimientos sacádicos que hacen los ojos al leer y los seguimientos. Actualmente, Susana sigue avanzando con empeño y confianza en este proceso, que requiere “tiempo y adaptación” y que ya le ha permitido notar importantes cambios para salir de la oscuridad y volver a poner color a sus cuadros y a su vida.

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