Alergia ocular en la primavera de la vida

El sistema autoinmune es más sensible en la infancia. Para evitar que las alergias primaverales mermen la vitalidad de tus hijos, es fundamental la prevención.

Dejamos atrás el invierno, época de bajas temperaturas y resfriados frecuentes, para dar paso a la primavera, que, con la llegada del buen tiempo, trae consigo la polinización de muchas plantas y las consecuentes alergias. En ambos casos, la población infantil es uno de los colectivos más afectados, con síntomas que pueden llevar a la confusión, ya que no siempre resulta sencillo distinguir un simple catarro de una reacción alérgica.

De hecho, los efectos de la congestión son similares, aunque más persistentes si responden a una hipersensibilidad a un alérgeno. Picor y enrojecimiento ocular, lagrimeo, párpados hinchados y sensación de quemazón o de cuerpo extraño en los ojos son síntomas habituales de conjuntivitis alérgica, constituyendo una importante pista diagnóstica. Además, según explica la Dra. Ana Wert, especialista del Departamento de Oftalmología Pediátrica de IMO, “el guiño o parpadeo reiterado, como si se tratase de un tic, también es muy característico de los niños que padecen alergia”. En este sentido, la oftalmóloga destaca que hasta un 50% de los pequeños con atopia generalizada desarrolla algún grado de alergia ocular y, dado que el sistema autoinmune es más reactivo y sensible en la infancia, tiene mayor prevalencia en esta etapa que en la edad adulta.

Así pues, “la alergia suele aparecer a partir de los 3-4 años y es posible que desaparezca al crecer”, aclara la Dra. Wert. En cualquier caso, lo cierto es que la conjuntivitis alérgica representa una de las causas más frecuentes de visita al oftalmólogo y no solo en primavera. Y pese a que suele tratarse de un proceso que no reviste gravedad, tampoco deben subestimarse sus posibles daños, ya que las formas más agresivas de alergia ocular (las queratoconjuntivitis) producen lesiones sobre la córnea y, por tanto, pueden llegar a amenazar a la visión.

Las 7 claves de IMO para plantar cara a la alergia primaveral

Determinar el tipo de alergia ocular es fundamental para afrontarla con precisión y efectividad, a lo que también contribuye saber cuál es el alérgeno responsable. En este sentido, hay que tener claro que, aparte del polen, otros alérgenos comunes son los ácaros o el pelo de los animales, que están presentes todo el año, por lo que hay que distinguir entre la forma estacional de la patología y la perenne.

Esta diferencia de temporalidad también puede establecerse en el caso concreto de las queratoconjuntivitis –cuando la córnea se ve afectada–, que pueden ser vernales (típicas de los niños en primavera y verano) o atópicas (propias de los adultos, con independencia de la época). Como explica la especialista en oftalmología pediátrica de IMO, “una vez conocemos la causa, podemos tomar las medidas preventivas oportunas, que son clave a la hora de minimizar el impacto de la alergia en el día a día del paciente”. Así, si el factor desencadenante es el polen de determinadas plantas, procuraremos cerrar ventanas o evitar que los niños jueguen en parques o jardines en las franjas de máxima concentración (primera hora de la mañana, última de la tarde). En cambio, si estamos hablando de reducir la exposición a los ácaros, tendremos que eliminar o lavar muy a menudo moquetas, peluches y otros objetos que acumulen polvo, por ejemplo.

Este “control” ambiental, primer paso básico, puede requerir complementarse con terapia farmacológica, que, en ocasiones, también puede aplicarse de forma preventiva. Según la Dra. Wert, “en casos de alergia estacional, pautamos el tratamiento con antihistamínicos previamente al inicio de temporada y, de este modo, logramos anticiparnos a los primeros síntomas”. Cuando estos fármacos, de alto perfil de seguridad y escasos efectos secundarios, no resultan suficientemente efectivos, “saltamos al siguiente eslabón terapéutico, los corticoides, que deben suministrarse siempre bajo supervisión médica para evitar posibles efectos adversos. Finalmente, en un tercer estadio, para aquellos casos más severos, podemos recurrir a los inmunosupresores tópicos”.

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