IMO pone en marcha su nueva área de Terapia Visual

IMO ha puesto en marcha este año una nueva área de terapia visual donde, mediante tratamiento optométrico individualizado, se potencian y trabajan determinadas habilidades para corregir problemas de funcionalidad o percepción del sistema visual.

El objetivo: desarrollar las habilidades visuales del paciente con ejercicios diseñados a medida

El objetivo es desarrollar al máximo las habilidades visuales del paciente y trabajar su visión de forma coordinada con el resto de sentidos, a través de una serie de ejercicios diseñados a medida por la optometrista. La repetición de estos ejercicios permite automatizar las habilidades que va adquiriendo el paciente, hasta que pasan a formar parte de sus capacidades motoras y cognitivas, al crearse nuevas conexiones neurológicas. Los ojos, de alguna manera, “aprenden a ver”.

Ser consciente del problema de cada paciente es clave para la efectividad de la terapia

Para que la terapia visual resulte efectiva, la clave está en identificar y tomar conciencia del problema concreto de cada paciente. A partir de ahí, oftalmólogos y optometristas especializados trabajan conjuntamente para complementar o reforzar el tratamiento médico o quirúrgico o para ofrecer una alternativa eficaz a casos sin opción a tratamiento.

La terapia visual se dirige tanto a adultos como a niños con anomalías de acomodación (capacidad de enfocar), dificultades con la visión binocular, problemas del sistema oculomotor (mal control de los movimientos oculares) o con determinados tipos de estrabismo.

La baja velocidad lectora en los niños, obstáculos en la memorización o dolores de cabeza, motivo de alerta para acudir al oftalmólogo

Además de abordar deficiencias en la funcionalidad del sistema visual, esta disciplina también abarca problemas de percepción, fruto de una mala interpretación de los estímulos recibidos a través de los ojos. Por esta razón, los niños con dificultades de aprendizaje son otro grupo susceptible de ser tratado con terapia visual: una baja velocidad o compresión lectora, obstáculos en la memorización de textos y la realización de otras tareas escolares, así como el hecho de padecer dolores de cabeza recurrentes o frotarse los ojos de forma frecuente, son algunos de los síntomas que deben ser motivo de alerta para padres, profesores y psicólogos escolares.

Ante cualquiera de estas señales es importante acudir al oftalmólogo para descartar una posible patología y, en caso de que se considere oportuno, ser derivado al área de terapia visual, con el propósito de potenciar las habilidades visuales afectadas y, así, reducir la sintomatología. En todos los casos, pues, debe realizarse una visita oftalmológica previa a la evaluación optométrica y al diseño del plan de ejercicios de la terapia, en que se utilizan las técnicas y los instrumentos más adecuados para cada paciente.

Entre ellos, destaca el Sanet Vision Integrator (SVI), un sistema diseñado por el optometrista estadounidense Robert Sanet para, a través de una pantalla táctil de 50 pulgadas, mejorar los seguimientos, el tiempo de reacción visual y de reconocimiento, la velocidad y la sensibilidad al contraste, además de la secuenciación visual auditiva y la memoria, junto a otras habilidades.

La duración de la terapia visual puede requerir de tres a seis meses, según las circunstancias y objetivos del paciente

El tratamiento con terapia visual consta de una sesión semanal de 45 minutos en consulta acompañada por ejercicios diarios en casa de 15-20 minutos. La duración total del programa dependerá de las circunstancias y objetivos de cada paciente, aunque, en general, las dificultades funcionales suelen requerir un mínimo de tres meses y las perceptuales, de medio año.

Lo imprescindible, en cualquier caso, es la implicación y constancia, puesto que el grado de complejidad de los ejercicios aumenta gradualmente a fin de conseguir una mejora progresiva de las habilidades visuales. En el caso de los niños, además, es muy importante el apoyo y la colaboración por parte de los padres a la hora de garantizar el cumplimiento de la terapia, a lo que puede ayudar la utilización de juegos o determinadas aplicaciones de carácter lúdico, disponibles en tablets y smartphones.

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