La visión, principal herramienta de trabajo en la vuelta al cole

Los especialistas de IMO recomiendan una revisión ocular a principio de curso para evitar problemas de visión “que pueden afectar al correcto desarrollo de la lectoescritura”

La visión es uno de los factores que más influye en el rendimiento escolar de nuestros hijos. Como explica el Dr. José Visa, especialista del Departamento de Oftalmología Pediátrica, Estrabismo y Neuroftalmología de IMO y presidente de la Sociedad Española de Estrabología, “los niños perciben el 80-90% de la información de su entorno a través de los ojos, por lo que una agudeza visual mal corregida o unos movimientos oculares anómalos pueden provocar un retraso importante en la lectoescritura”.

Por ello, es muy importante estar atentos a determinados síntomas, como “tener dolores de cabeza recurrentes o entrecerrar los ojos, inclinar la cabeza o acercarse mucho a los objetos para ver mejor”, explica el Dr. Visa, quien añade que la mala visión infantil también puede estar detrás de otros “síntomas camuflados”, que no suelen asociarse a un problema visual, como “el descenso de las notas, las distracciones en clase o el rechazo a la lectura”.

Además de estar alerta a estas señales –tanto padres como profesores, psicólogos, monitores etc.–, es importante someterse a revisiones oculares periódicas a partir de los 3-4 años (anuales hasta los 10 y bianuales de los 10 a los 16), con el objetivo de descartar cualquier alteración. El inicio del nuevo curso escolar es un buen momento para realizar un chequeo oftalmológico completo a los más pequeños, cuya visión se encuentra en proceso de formación durante la primera década de vida.

Los niños perciben la información de su entorno básicamente a través de los ojos, por lo que un defecto ocular no detectado o mal corregido puede provocar un retraso importante en la lectoescritura.

Los niños aprenden a ver en la infancia

Como explica la Dra. Ana Wert, también especialista de IMO, “especialmente hasta los 8 o 10 años de edad, los niños aprenden a ver y toda patología que pase desapercibida y no se trate en esta etapa puede convertirse en crónica e irreversible, comprometiendo una buena salud ocular en la edad adulta”. De hecho, “un diagnóstico tardío es la primera causa de no curación de las enfermedades oculares surgidas en la infancia”, afirma.

Según datos de la Fundación IMO, dedicada a promover la salud ocular a través de la docencia, la investigación y la prevención, un 13,5% de la población pediátrica presenta problemas visuales no diagnosticados. Junto con los defectos refractivos, el estrabismo o desviación ocular es uno de los trastornos más comunes entre los niños y, si no se trata adecuadamente, puede dar lugar a ambliopía u “ojo vago”, ya que el cerebro de los niños suprime la visión de uno de los dos ojos para evitar ver doble.

Un diagnóstico tardío es la primera causa de no curación de las enfermedades oculares surgidas en la infancia; por eso es tan importante que los niños se sometan a revisiones oculares periódicas.

Avances en oftalmología pediátrica y estrabismo

Precisamente, el manejo quirúrgico de los diferentes tipos de estrabismo y sus complicaciones ha sido uno de los temas destacados del tercer congreso de WSPOS (World Society of Paediatric Ophthalmology and Strabismus), que ha tenido lugar del 4 al 6 de septiembre en Barcelona y en el que se han presentado los principales avances en el tratamiento de la ambliopía, el glaucoma congénito, las patologías retinianas y la catarata congénita, entre otras patologías.

“También se han puesto sobre la mesa los últimos hallazgos genéticos en relación con las alteraciones de la visión y los nuevos tratamientos para la retinopatía del prematuro, así como los avances en oncología ocular pediátrica”, según ha explicado el Dr. Visa.