Visión de juego. Guía práctica de salud ocular y rendimiento deportivo

Sobre la guía

  • Salud ocular por grupos de población
  • Visión de juego: habilidades visuales que influyen en la práctica deportiva
  • Visión en juego: riesgos para los ojos y la visión asociados al deporte
  • 10 puntos para no perder de vista

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El deporte es una actividad saludable que, en general, juega a favor de nuestra visión. Combinado con una dieta equilibrada y unos buenos hábitos de vida, ayuda a prevenir enfermedades sistémicas o generales, como la hipertensión, la hipercolesterolemia, las cardiopatías o la diabetes, que afectan de forma directa y muchas veces grave a la retina, un tejido altamente vascularizado.

Además, en una sociedad cada vez más “miopizada”, debido al sedentarismo y al peso creciente de la visión cercana frente a todo tipo de pantallas, la práctica deportiva y las actividades de ocio al aire libre nos brindan la oportunidad de romper esta dinámica y mantener nuestra salud ocular en forma.

Por tanto, el deporte puede ser un aliciente más para prevenir e intentar desarrollar al máximo nuestro potencial visual y, del mismo modo que es importante que las personas que practican ejercicio físico se sometan a controles médicos, también es clave que se realicen de forma regular chequeos oftalmológicos. Estos exámenes permitirán diagnosticar patologías que pueden avanzar sin síntomas, así como descubrir la aparición o el aumento de problemas de refracción u otras limitaciones visuales que condicionan nuestra relación con el deporte.

Visión y deporte

Además de repasar los grupos de población que deberían cuidar especialmente sus ojos (menores de 8 años, mayores de 40 y, sobre todo, de 60, y personas con antecedentes familiares, alta miopía o diabetes), la guía práctica elaborada por el equipo de optometría y oftalmología de IMO destaca algunas de las capacidades visuales que repercuten en el rendimiento deportivo. Es el caso de la visión binocular y la estereopsis, que proporcionan visión en relieve y de profundidad, o la visión periférica, que permite detectar y responder a estímulos visuales situados alrededor del punto central de visión y que resulta muy útil para “mirar a la canasta, la portería o la red y, al mismo tiempo, botar, golpear la pelota u organizar el juego”.

Por otro lado, la guía advierte de las principales amenazas para la visión que se dan en el ámbito deportivo, como contusiones y pelotazos, radiación solar, contacto con el cloro y otros agentes químicos, introducción de cuerpos extraños y efectos del clima en el ojo. A partir de ahí, ofrece algunos consejos prácticos de prevención, entre los que destaca usar protección ocular con gafas especiales para deporte o evitar las lentes de contacto en deportes acuáticos para no sufrir infecciones.

Aplicar de forma correcta estas medidas básicas y los tratamientos oportunos en caso de patología ocular y/o defecto refractivo, es indispensable para minimizar riesgos y para sacar el máximo rendimiento de nuestra capacidad visual en el ámbito deportivo. En este sentido, es importante señalar que el hecho de tener una enfermedad o de haber sido operado de los ojos no tiene por qué mermar o anular nuestras aficiones deportivas, siempre y cuando tengamos en cuenta las recomendaciones e indicaciones del oftalmólogo.