Una buena protección, clave para poder disfrutar del eclipse de sol

El ojo actúa como una lupa y concentra la luz en el centro de la retina, pudiendo provocar graves lesiones

Este viernes, 20 de marzo, despediremos el invierno con un eclipse solar que podrá verse desde toda Europa y que en España llegará a ocultar más de la mitad del astro rey. Se trata de una ocasión única para disfrutar de este espectacular fenómeno, que vale la pena apreciar, siempre y cuando se haga con precaución. El hecho de que la luna cubra el sol y, por eso, no nos deslumbre, no significa que su radiación deje de ser dañina. Todo lo contrario, puesto que somos menos conscientes de la necesidad de protegernos y al observarlo directamente es cuando sus efectos pueden ser más nocivos.

Según el Dr. Rafael Navarro, oftalmólogo del Departamento de Retina de IMO, “nuestros ojos son como lupas y concentran los rayos luminosos en la fóvea, la zona central de la mácula que, a su vez, es la zona central de la retina”. Debido a que el sol irradia una gran cantidad de energía, si contemplamos el eclipse sin tomar las medidas de seguridad oportunas, aumenta la temperatura y las proteínas retinianas se coagulan. Como consecuencia “se produce un daño muchas veces irreparable que puede afectar gravemente a nuestra visión, ya que es la fóvea la que nos permite ver con nitidez y percibir detalles”, explica el Dr. Navarro.

Aunque en algunos casos se puede llegar incluso a la ceguera, la magnitud de la lesión dependerá de diversos factores, como el tamaño de la pupila o la pigmentación del iris. En cualquier caso, y como destaca el oftalmólogo de IMO, “es fundamental protegerse y consultar al especialista el método más indicado para visualizar el eclipse con totales garantías”. En este sentido, es necesario desmontar la creencia de que se puede mirar a través de radiografías, papel fotográfico, espejos o cámaras o telescopios que no estén específicamente preparados para ello, ya que en ningún caso sirven como protección. Además, según explica Maite Sisquella, del Departamento de Optometría y Refracción de IMO, “las gafas de sol habituales tampoco reducen el riesgo de lesión, ya que la intensidad del fenómeno es muy elevada”.

Por eso, si se quiere realizar una observación directa del eclipse deben utilizarse gafas especiales homologadas por la Comunidad Europea (índice de opacidad 5 o mayor) o gafas de soldador con una elevada densidad del cristal, así como potentes filtros (Mylar o equivalentes). Otra opción segura es la observación indirecta del eclipse, es decir, aquella en la que se proyecta la luz sobre una superficie plana para obtener una imagen nítida del fenómeno, ya sea a través de las lentes de un prismático o de un telescopio, o bien a través de una obertura en un cartón o cartulina.

Así pues, son varias las posibilidades que tenemos a nuestro alcance para ser partícipes de uno de los acontecimientos naturales que mayor curiosidad y expectación despierta. Sobre todo, en este caso, ya que no se ve un eclipse de esta magnitud desde 1999 y se prevé que, si dejamos escapar la oportunidad, tendremos que esperar hasta el 2026 para volver a hacerlo.