"Tiene que ser durísimo no ver el mundo"

Una cara nueva, sonriente y atenta a lo que ocurre a su alrededor en el IMO. Se trata de Ligia Rosa, una estudiante de 40 años de Oftalmología vino desde Mozambique becada por el programa de Ulls del món y el Ministerio de Salud de Mozambique.

¿Cómo te surgió la oportunidad de venir a formarte al IMO?
Se trata de un programa de intercambio llevado a cabo por la Fundación Ulls del món y el Ministerio de Salud de Mozambique. Ulls del món financió el viaje y la estancia para que los oftalmólogos de allí pudiéramos recibir formación especializada en un centro de nivel superior como el IMO. Llegar al Instituto fue un privilegio al que no habría podido acceder sin la ayuda de Ulls del món y del propio IMO, que colabora de forma desinteresada ofreciendo una excepcional formación.

¿Qué te pareció la experiencia?
Muy bien. He conocido a mucha gente y he podido observar cómo se trabaja en un centro de este nivel: la tecnología que tienen, los tratamientos que aplican...

¿Por qué es importante para un oftalmólogo de Mozambique tener la oportunidad de formarse en el extranjero?
Entre los problemas que existen en mi país, también destaca la precariedad y escasez de infraestructuras, la falta de equipos tecnológicos y de personal cualificado. Además, el índice de personas con problemas oculares es muy alto y hay mucha ceguera, tanto evitable como no.

¿Cómo te decidiste a ser oftalmóloga?
Siempre me ha impresionado cerrar los ojos e imaginar cómo es no poder ver nada. Tiene que ser durísimo no ver el mundo. Además, una doctora que me dio clase en la universidad, Yolanda Zambujo, consiguió contagiarme su entusiasmo por esta profesión.
En Mozambique hay mucha ceguera prevenible y esta formación es muy valiosa para las personas que, como yo, podemos prestar este servicio.