La terapia visual logra mejorar la percepción en tres dimensiones

Mediante ejercicios personalizados, pacientes con estrabismo y otras anomalías no manifiestas de la visión binocular pueden disfrutar del cine en 3D, además de mejorar la lectura y el rendimiento escolar, en el caso de los niños.

El cine es una de las opciones de ocio más recurrentes para disfrutar del tiempo libre con la familia o los amigos durante las fiestas navideñas, época de grandes y esperados estrenos como Star Wars. La espectacularidad de los efectos especiales, la cuidada animación y caracterización de los personajes y una impresionante ambientación son aspectos que atraen cada vez más la atención de los espectadores y que se ven potenciados con el sistema 3D. Sin embargo, no todo el mundo puede disfrutar plenamente de la proyección de películas en este formato, como ocurre en los pacientes con estrabismo. Esto se debe a que la pérdida de paralelismo entre ambos ojos impide que el cerebro pueda fusionar correctamente la información percibida por cada uno de ellos (imagen plana) para generar una única imagen tridimensional. Pero las dificultades para disfrutar de la visión 3D no afectan solo a pacientes con estrabismo. También personas sin desviación ocular manifiesta pueden ver borroso o doble cuando acuden al cine a disfrutar de una película en este sistema. Elisa, por ejemplo, se dio cuenta por primera vez de que carecía de buena visión 3D con la película Avatar, ya que no experimentó ningún cambio al utilizar las gafas especiales que le proporcionaron al entrar en la sala.

Problemas de alineamiento ocular no siempre evidentes

Como explica Laura Alonso, óptica optometrista y corresponsable del Área de Terapia Visual de IMO, “las anomalías binoculares no estrábicas también pueden estar detrás de una baja estereopsis o baja visión tridimensional, ya que dificultan el trabajo coordinado de los ojos y, por ello, supone un esfuerzo mantenerel alineamiento entre ambos ejes oculares”. Dentro de este grupo de anomalías, de las que muchas veces la persona afectada no es consciente, una de las más comunes es la insuficiencia de convergencia. “Generalmente, suele deberse a una exoforia –aclara Alonso– es decir, a una especie de estrabismo latente hacia afuera que no llega a manifestarse salvo cuando, en circunstancias puntuales y por causas a menudo desconocidas, se descompensa y produce sintomatología”. Para tratar estos casos, la solución que ha demostrado ser más efectiva es la terapia visual, que se basa en realizar una serie de ejercicios optométricos individualizados para mejorar habilidades oculares como las vergencias (movimientos de los ojos) y, así, potenciar la capacidad de fusión del cerebro que da lugar a la sensación de tridimensionalidad.

Cada sesión de terapia visual realizada en consulta debe complementarse con ejercicios en casa, pautados por la optometrista, para alcanzar los objetivos propuestos y estimular la integración de determinadas habilidades visuales.

 

Tomar consciencia de la posición de los propios ojos

Laura Alonso explica que “el objetivo de la terapia visual es ofrecer a los pacientes las herramientas necesarias para que aprendan sentir en qué posición se encuentran sus ojos y, a partir de ahí, puedan contrarrestar la desviación ocular”. Según la optometrista de IMO, “un programa indicado a mejorar este tipo de anomalías en adultos suele requerir una media de entre 10 y 12 sesiones semanales de 45 minutos, acompañadas de trabajo diario en casa”. No obstante, el éxito de la terapia y la duración del tratamiento dependerán, en buena parte, de la implicación y constancia de cada paciente. Por ello, “el trabajo con niños resulta más complejo que con adultos, pero puede suplirse esta dificultad con diferentes estrategias y dinámicas que les planteen la terapia como una forma de juego y magia. Es sorprendente ver su reacción de asombro y diversión al percibir cosas de las que antes no eran capaces”. Esta mejoría se traslada no solo a la hora de ver películas 3D en el cine sino también, y lo que es más importante, a la lectura y a la realización de tareas escolares o de diversas actividades cotidianas. En el caso de pacientes con otras anomalías binoculares no estrábicas, como insuficiencia de divergencia o exceso de convergencia/divergencia, “la terapia visual también es una alternativa a valorar por el especialista si la sintomatología persiste a pesar de llevar corrección óptica con gafas o utilizar prismas, partiendo siempre de un estudio y un plan de ejercicios personalizado para cada caso”, concluye Laura Alonso.