Tecnología al servicio de los pacientes con baja visión

La microperimetría computerizada es una prueba diagnóstica de alta sensibilidad para el estudio de la mácula y su utilidad se expande como herramienta de rehabilitación visual, junto a otras ayudas como las gafas electrónicas de realidad aumentada.

microperimetría para baja visión

La mejora de la calidad de vida de las personas con baja visión (agudeza visual inferior a 0,3 y campo visual menor de 20º) es un ámbito en el que la innovación está marcando un importante salto, con nuevas tecnologías que amplían las posibilidades de aprovechar el resto visual de los pacientes. El Área de Baja Visión de IMO, pionera en ofrecer este servicio especializado desde hace más de una década, cuenta para ello con actualizadas ayudas de rehabilitación visual y, como pilar base, con la más avanzada tecnología diagnóstica.

Uno de los equipos incorporados en los últimos años es el microperímetro computerizado (MAIA), que mide con alta precisión la sensibilidad alrededor de la mácula, una pequeña área de apenas 5 mm de diámetro en el centro de la retina, responsable de la visión de detalle. Con su estudio exhaustivo, permite detectar de manera incipiente lesiones provocadas por problemas que pueden desembocar progresivamente en baja visión, como la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), distrofias hereditarias de la retina como la enfermedad de Stargardt, el agujero macular o el edema en la mácula por otras patologías. De este modo, “se explica la sensación de pérdida de visión central y capacidad de lectura que aquejan inicialmente algunos pacientes y que no siempre se ve reflejada en otras pruebas como la agudeza visual o el campo visual”, explica la Dra. Cecilia Salinas, del Departamento de Retina y Vítreo de IMO.

Según Carol Camino, responsable del Área de Baja Visión del Instituto, “la microperimetría computerizada, mediante un sistema de eye tracker, correlaciona punto a punto los daños estructurales –identificando el tamaño, forma y profundidad de escotomas (“puntos ciegos”) de incluso menos de 5º– con sus repercusiones funcionales”. Esto, junto con la diversidad de aplicaciones que proporciona, hace que para la optometrista sea una prueba “cuya introducción y popularización en las consultas irá en aumento en los próximos años”.

técnica diagnóstica baja visión central

La microperimetría computerizada permite obtener un “mapa” de los puntos de sensibilidad de la mácula y las áreas de fijación del paciente con problemas de baja visión central.

Entrenar la baja visión con ayudas tecnológicas

Además de afinar el diagnóstico y monitorización de las patologías maculares, la especialista destaca su papel como herramienta de rehabilitación visual, ya que también incorpora un software para el entrenamiento de la fijación excéntrica: “Cuando el centro natural de la visión está afectado, aprovechamos el resto visual creando una ‘falsa mácula’, es decir, buscando en una zona cercana un nuevo punto preferente de la mirada. Así, facilitamos que los pacientes puedan realizar tareas de precisión como leer, escribir, coser, reconocer rostros o contar monedas”.

La microperimetría es una ayuda que viene a sumarse a otras alternativas para personas con baja visión por maculopatías, como el uso de prismas (incorporados a las gafas para desviar las imágenes hacia la zona que conserva visión) o revolucionarias tecnologías que se han desarrollado en los últimos tiempos. Es el caso de las gafas electrónicas de realidad aumentada eSight, que los pacientes pueden probar en IMO desde 2017, o de un nuevo modelo de chip de retina, PRIMA, que se ha empezado a testar en pacientes con DMAE y en cuyo estudio multicéntrico participará próximamente el Instituto.