Nos ha visitado... Ian Bailey, eminencia mundial en Baja Visión

Conocido por el test ETDRS, Ian Bailey visita el IMO y cuenta su desarrollo de tests para medir la Baja Visión.

La Baja Visión había sido muy ignorada...
Sí. A menudo, los pacientes aceptaban su discapacidad visual y se resignaban sin esperar ninguna mejora. Cuando el oftalmólogo ya no podía hacer más, médicamente hablando, se daba una aceptación general. Además, como gran parte de la Baja Visión está asociada al hecho de envejecer, muchas personas mayores ya no se cuestionaban si había remedio. Asumían que era un achaque más. A partir de los años 50 empezó a estudiarse la Baja Visión, aunque tampoco se le prestó demasiada atención y tardó un tiempo en ser considerada una parte importante de la salud visual.

¿Cómo contribuyen la optometría y la baja visión a la oftalmología?
El oftalmólogo está acostumbrado a trabajar con ojos enfermos y con procesos activos. Pero siempre hay gente que acaba ese proceso con una visión baja o muy baja. Y ahí interviene el especialista en baja visión, que vela porque estas personas puedan desarrollar una vida lo más plena y normal posible, a pesar de las limitaciones visuales.

¿Para qué sirve el test de ETDRS que usted "inventó"?
Sirve para medir la agudeza visual de una forma fiable, estandarizada y reproducible. Es una extensión del test original de Snellen, que ya se aplicaba en 1.862. Jan Lovie-Kitchin y yo mismo diseñamos características nuevas e introdujimos una forma innovadora de medir la agudeza visual en 1976. En cada fila debía haber el mismo número de letras, cinco, y el espacio entre ellas debía ser proporcional a su tamaño. Actualmente es ya el estándar mundial para evaluar la baja visión.

¿En qué consisten los dos nuevos tests en los que está trabajando ahora?
Ambos tests tienen en común su sencillez, podrían usarse fácilmente en países en desarrollo. No requieren una gran experienca clínica, ni tecnología sofisticada.
El primero está indicado para personas con una visión extremadamente baja. La mayoría de optometristas y oftalmólogos se rinden a la hora de medir la agudeza visual cuándo ésta llega a 0.05 o miden la baja visión de un paciente según cuántos dedos ve, o si percibe el movimiento de una mano o la luz… métodos bastante imprecisos. El nuevo test permite medir con rapidez y precisión una agudeza visual tan baja como 0.00125.

¿Qué le llevó a desarrollar estos tests?
Fue a petición del World Blind Cricket Council, una organización deportiva, para que revisara el estándar para la medición de la visión. Esta asociación organiza competiciones de críquet para personas invidentes o con muy baja visión. Algunos equipos rompían las reglas, participando con jugadores cuya visión era mejor de lo requerido... Otro motivo fue evaluar la eficacia de los implantes que se usan para estimular la retina. Estos dispositivos, instalados tanto delante como detrás de la retina, reciben señales enviadas de una videocámara y crean neuro-actividad en la retina, que hace llegar señales al cerebro a través del nervio óptico y proporcionan al paciente cierta percepción de luz. Acudí a un encuentro de expertos y seguían hablando de contar dedos para medir el éxito de estos implantes. A partir de ahí, creé un prototipo del test, más sencillo y que estandariza los resultados.

Uno de las aportaciones más importantes reside en el hecho de que se puedan usar en países en desarrollo...
Sí, en esos países hay mucha gente con visión muy baja y el oftalmólogo necesita saber si estas personas mejoran o empeoran su visión tras una intervención. Me interesa también, a nivel epidemiológico, identificar las necesidades de cada población. En ciertos países puede haber mucha gente con enfermedades serias de la visión y limitaciones visuales mayores que necesitan ser reconocidas. Esta estandarización de las mediciones contribuirá a esta causa.

¿Cómo es el nuevo test de Sensibilidad al Contraste que prepara?
El primero que existió fue el de Pelli-Robson, que se creó en los años 80, consiste en un panel en el cual, las letras de arriba son muy fáciles de ver porque tienen un alto contraste y las que están más abajo tienen cada vez menos contraste. En este test, todas las letras tienen el mismo tamaño. Realizar este test lleva un poco de tiempo y es necesario que el paciente conozca un alfabeto para poder efectuarlo. El test que nosotros proponemos ahora consiste en tres cartas impresas por ambos lados, es decir, con 6 caras. Cada cara consta de 6 cuadrados de 75 mm cada uno y en tres de estos cuadrados hay dibujado un círculo de 40 mm. En la primera carta, el círculo es negro; en la segunda es gris oscuro y en la siguiente, es de un gris muy claro. En realidad, al paciente sólo hay que enseñarle tres caras. Le preguntamos cuál es el disco más claro que es capaz de ver. Si sólo ve dos, por el otro lado de la carta, hay niveles intermedios de contraste que nos permiten afinar la medición de su sensibilidad al contraste. Lo bueno de este test es que se puede usar en personas analfabetas. Es muy rápido y fácil.