Natalia Gómez

Los padres de Natalia acudieron a IMO en busca de soluciones y, gracias a su implicación y a la labor de los especialistas, la pequeña ha podido completar con éxito su desarrollo visual.
Testimonio Natalia Gómez - Ptosis palpebral

La visión infantil se desarrolla durante los primeros ocho años de vida, por lo que actuar durante ese periodo en caso de detectar algún problema es fundamental para garantizar una buena salud ocular en la edad adulta. Bien lo sabe Gema Reyes, que no se resignó a posponer hasta que fuera más mayor la intervención de su hija Natalia, con ptosis y estrabismo congénitos y una consiguiente ambliopía (ojo vago). Esperar a que creciera hubiese significado aceptar que “nunca iba a ver bien”, algo a lo que su madre no estaba dispuesta. De modo que cuando la pequeña todavía no había cumplido el año, esta familia gaditana empezó a buscar opciones… e IMO llegó a sus oídos.

Según explica Gema, “a raíz de intentar dar con una clínica en Inglaterra donde operaban la ptosis (caída del párpado superior) sin incisiones visibles, nos enteramos de que en el Instituto de Microcirugía Ocular de Barcelona también practicaban esa técnica pionera”. Así fue como, con apenas 14 meses, Natalia se sometió a cirugía con el Dr. Ramón Medel, responsable del Departamento de Oculoplástica de IMO. Aunque la entrada a quirófano a esa edad no resultó sencilla, Gema destaca los excelentes resultados obtenidos, tanto a nivel funcional como estético: “Quitarle el vendaje y verla por primera vez con los dos ojos abiertos, fue una sensación indescriptible como madre”.

Un trabajo en equipo

A partir de ahí, una vez corregida la ptosis, Natalia se puso en manos del Dr. José Visa, especialista del Departamento de Oftalmología Pediátrica de IMO, para corregir su déficit visual e iniciar el tratamiento de su ojo vago (ambliopía). Fue un proceso que padres e hija afrontaron con constancia y positivismo, logrando que el hecho de llevar parche no fuera considerado un motivo de queja o de complejo sino una ayuda necesaria para conseguir un objetivo muy claro: el mejor grado de visión posible. En este sentido, el estrabismo complejo que Natalia también tenía de nacimiento comprometía sus posibilidades de llegar a una agudeza visual del 100%; una meta que finalmente se ha alcanzado con gran dedicación.

La experiencia quirúrgica del Dr. Visa, que la operó en dos ocasiones, y la implicación de la familia con la terapia visual prescrita por el especialista, han permitido a la pequeña, que ahora ya tiene 11 años, “devorar libros” que antes no podía leer porque se mareaba o realizar las tareas escolares con mayor facilidad. Además, sigue trabajando a diario desde casa y una vez a la semana acude a la consulta de terapia visual de una óptica de Cádiz para perfeccionar su estereopsis o percepción de la tridimensionalidad.

Esta es la razón que la motiva a esforzarse y a seguir avanzando tras haber adquirido ya la máxima agudeza visual: “Cuando estoy cansada o no quiero hacer más ejercicios, pienso que voy a ver en 3D y eso me da fuerzas”, concluye Natalia, demostrando una gran determinación y capacidad de aprendizaje de la experiencia, pese a su corta edad.