Mi desafío es no perder la ilusión, la gran derrota del hombre

Entrevistamos a David Casinos, atleta ganador de cuatro oros paralímpicos consecutivos, con ceguera a causa de una retinopatía diabética.
davi cancinos

David Casinos, con diabetes desde los 18 meses, perdió totalmente la visión a causa de una retinopatía diabética a los 26 años. Caer en la ceguera fue un hecho que marcó para siempre su vida ya que, tras romperla inicialmente, avivó su fuerza para decidir cómo afrontarlo: luchando. Lo han acompañado en todo momento los valores de perseverancia y dedicación que adquirió como adolescente gracias al deporte, una pasión que retomó tras quedar invidente y que volvió a estimular su ilusión. De ese amor por el atletismo y las personas con las que lo ha compartido, sacó el potencial para lograr su primer oro en lanzamiento de peso en los Juegos Paralímpicos de Sidney’00; proeza que repitió en Atenas’04, Pekín’08 y Londres’12 (en este último caso, en la prueba de disco). El medallero de David Casinos es amplio, incluyendo otras seis presas doradas en campeonatos mundiales y europeos, además de un récord del mundo imbatido desde el año 2000 en la modalidad de peso. Con el mismo ímpetu con el que realiza sus lanzamientos, este líder del equipo paralímpico español transmite su positivismo y contagia su sonrisa en los proyectos de coaching con los que está comprometido para “superar todo tipo de barreras y demostrar que con sacrificio, constancia y esfuerzo podemos conseguir lo que queramos”.

Llevas más de 40 años conviviendo con la diabetes. ¿Eras consciente de que esta enfermedad podía afectar de forma tan importante a tu visión?

Como todo buen diabético, había oído historias y casos de otras personas con diabetes que habían sufrido complicaciones o que habían perdido la visión. Esta información te llega y te impacta emocionalmente, ya que te hace ser consciente de lo que un día te puede ocurrir a ti. Por tanto, sí que era conocedor de los posibles riesgos de la enfermedad y sabía lo que era la retinopatía diabética.

¿Qué papel juega la prevención? ¿Crees que hubieras podido evitar una pérdida tan brusca de visión?

Siempre he cuidado mucho mi diabetes y he hecho todo lo que ha estado en mi mano para prevenir posibles complicaciones. Lo único que lamento es que antes no hubiera los medios de los que disponemos ahora, como las insulinas de acción rápida, ya que a pesar de intentar llevar un buen control no pude librarme de la retinopatía diabética.

¿Recuerdas el momento del diagnóstico? ¿Cómo reaccionaste cuando te comunicaron que ibas a perder la visión?

Yo me hacía una revisión ocular una vez al año y todo iba bien hasta que, en una de estas visitas rutinarias, saltó la alarma y el oftalmólogo detectó que tenía retinopatía diabética proliferativa con edema macular. Aunque de inicio me advirtió que mi visión podría quedar dañada, no esperaba perderla por completo y comenzamos un duro proceso de tratamiento con láser y varias cirugías. Cuando finalmente supe que la ceguera era irreversible, fue un golpe durísimo para mí, ya que tuve que adaptarme a una vida completamente distinta y aprender a hacer las cosas de otra manera. De repente, pasé de ir solo a depender de mis padres, que me ayudaron en todo y estuvieron siempre a mi lado.

Según tu experiencia, ¿cuál es la actitud del entorno frente a la discapacidad?

Hay una parte de la sociedad muy compasiva pero, en general, la mayoría de gente que te rodea te anima a superarte y a seguir adelante. En mi caso, tener a la familia al lado resultó fundamental, ya que me ayudó a coger fuerzas para ir saliendo poco a poco del agujero.

¿Hubo algún punto de inflexión, algo que te hiciera cambiar el “chip” y adoptar un nuevo punto de vista o, por el contrario, fue un proceso gradual de aceptación?

Afiliarme a la ONCE me permitió empezar a entender y aceptar mi situación. Me ofrecieron asesoramiento y en el centro de rehabilitación para adultos de Sabadell me enseñaron a desenvolverme en la vida cotidiana y a manejarme en la ceguera. A partir de ahí, di paso a mi nueva vida.

Para David casinos, la práctica deportiva no es un esfuerzo sino una pasión que llena su día a día. Por eso, tiene claro que en lo que se refiere al éxito, “uno llega hasta dónde quiere llegar, ni más ni menos.

Para David casinos, la práctica deportiva no es un esfuerzo sino una pasión que llena su día a día. Por eso, tiene claro que en lo que se refiere al éxito, “uno llega hasta dónde quiere llegar, ni más ni menos.

Afirmas que “se puede ver muchísimo sin ver” ¿Qué has aprendido a ver a raíz de tu discapacidad visual?

Curiosamente, cuando voy por la calle no golpeo a nadie a pesar de ser ciego, pero mucha gente se tropieza conmigo porque van mirando el móvil o leyendo el periódico. Yo he aprendido a ver de una manera diferente –no como lo hacía antes ya que eso sería frustrante– y con ello disfruto de lo que hago y la vida que tengo.

La discapacidad visual se ha convertido en el impulso que te ha hecho traspasar barreras ¿Cuáles han sido esas barreras?

Una barrera muy importante ha sido la de la cercanía con la sociedad para que sea consciente del potencial que tienen los deportistas paralímpicos como personas con “capacidad” y no “discapacidad”. Creo firmemente que esta, en lugar de ser una limitación, puede ayudarnos a comprender muchas cosas y enseñar a los jóvenes a tener una actitud menos condescendiente y más cooperativa, de “igual a igual”.

Trabajo en equipo, la constancia, el esfuerzo, la entrega, la superación… Son valores que se asocian a los deportistas y a personas con discapacidad.

Estos valores deben ser inherentes y formar parte de uno mismo para ser una persona íntegra y con principios, aunque considero que actualmente hay una importante crisis de valores y vacío moral en este sentido. Por suerte o por desgracia, a los deportistas paralímpicos las circunstancias nos han estimulado a sacarlos a la luz y desarrollarlos.

¿Qué más te ha aportado el deporte?

La verdad que, como atleta vidente antes de perder la visión, llegué incluso a odiar un poco el deporte. Al no lograr los resultados esperados y ver cómo me tumbaban, decidí orientarme a otra carrera y dejé el lanzamiento de martillo a nivel profesional. Luego vino la ceguera y recuperé la práctica deportiva como afición, simplemente para pasarlo bien, dado que era lo único que me permitía desconectar de los problemas. Así fue como, poco a poco, fui encontrando mi potencial y descubriendo que podía ir más allá.

¿La diabetes ha supuesto un hándicap añadido en la práctica deportiva?

Sin lugar a dudas, la diabetes es un factor clave en la práctica deportiva porque condiciona tu estado de salud y eso es lo que te va a permitir alcanzar el éxito. Por esta razón, he de vigilar mucho mi alimentación y ingerir grandes cantidades de calorías, especialmente al competir en una disciplina tan explosiva como es el lanzamiento. No obstante, no creo que la diabetes me haya limitado, todo lo contrario: me ha dado la clave para maximizar mi día a día.

El control metabólico exhaustivo que exige la diabetes contribuye a adquirir un carácter disciplinado y metódico…

Sí, y también me ha servido para conocer mi cuerpo y romper límites. Porque cuando eres diabético no se trata de ponerte prohibiciones, sino de aprender a encontrar el equilibrio.

Un reto que no es sencillo ¿Cuál es tu motivación o estímulo para seguir al más alto nivel?

En el ámbito deportivo, el trabajo y el esfuerzo me han dado grandes alegrías y es difícil mejorar los resultados alcanzados, por lo que mi gran desafío es no perder la ilusión. Cuando esto ocurre considero que es la peor derrota del hombre, así que quiero seguir sintiéndome privilegiado de entregarme a mi pasión y levantarme con optimismo para saborear el día a día.

“Todos los días sale el sol y si no sale, ya me encargo yo de sacarlo" Además de ser el título de tu libro ¿es también una meta clave en tu vida?

Sí, es una frase se la dije un día a mi madre en el hospital y que se ha acabado convirtiendo en una forma de vida, un impulso que me lleva a perseguir algo todos los días. Mi objetivo, en concreto, es mi familia: primero mis padres y ahora mi mujer y mi hija. Todo lo hago por ellas, ya que creo que lo que hemos conseguido en el pasado ya no sirve y hemos de construir a diario un futuro distinto.

¿No te da miedo el cambio?

Me da miedo no cambiar. El secreto está en plantearse pequeños propósitos que nos llenen de energía y nos lleven el corazón arriba. Este año, por ejemplo, he corrido la Spartan Race y volveré a participar en la próxima edición, con la satisfacción de que mucha gente se ha unido a esta lucha. Se ha generado impulso, movimiento, expectación… y eso, para mí, es una gran recompensa. Sin olvidar, por supuesto, el incentivo de los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro.

De pequeño, uno no suele soñar con ser campeón paralímpico ¿La realidad es a veces mejor que los sueños?

¡Desde luego que sí! En las olimpiadas de Barcelona’92 miraba la televisión y veía al príncipe Felipe llevar la bandera. Me preguntaba qué debía sentir, pero jamás imaginé que yo también estaría allí un día, abanderando al equipo paralímpico español en Pekín. Qué vueltas da la vida… ¡es tremendo!