César Francisco González

Diferentes problemas retinianos y un glaucoma han comprometido en varias ocasiones la visión de César, quien asegura haber puesto sus ojos "en las mejores manos" para superar las adversidades de este proceso y ser capaz de desenvolverse con autonomía.

César Francisco González

"Yo soy médico pero, como dice el refrán, en casa del herrero, cuchillo de palo”, confiesa César Francisco González. No fue sino a raíz de una mancha que le apareció en el ojo derecho durante unas vacaciones que este paciente acudió a sus compañeros del Servicio de Oftalmología del Hospital Militar de Zaragoza y descubrió que su retina estaba en muy mal estado: "Me diagnosticaron una retinopatía diabética en fase avanzada y severa, aunque hasta ese momento desconocía que tenía el azúcar por las nubes (lo que me había provocado el daño) y que era diabético".

A partir de entonces, empezó a llevar un control de su enfermedad y siguió el tratamiento que le indicaron (con inyecciones intraoculares, láser etc.). Pasados unos dos años, decidió que sería interesante tener una segunda opinión de un especialista y sus oftalmólogos de Zaragoza coincidieron con él, recomendándole al que consideraban "el mejor retinólogo en España": el Dr. Borja Corcóstegui. Como explica César, "fui a Barcelona a verle pero, de camino, mientras iba conduciendo en el coche, noté algo extraño en el ojo izquierdo, como una gota de tinta en un vaso de agua difuminándose, hasta que me quedé sin visión. En mi primera visita a IMO el Dr. Corcóstegui me confirmó que se trataba de una hemorragia vítrea y que la única opción era la cirugía, que llevaría a cabo él mismo y que debía practicarse cuanto antes mejor. Al día siguiente me operó".

Todo siguió su curso y César continuó con los controles periódicos hasta que un día, en casa, empezó a sentir un dolor insoportable y muy intenso en el ojo derecho. Cuando fue a ver a sus colegas oftalmólogos de Zaragoza le detectaron una presión intraocular de 70 mmHg (más del triple de lo normal) y, ante ese ataque de glaucoma agudo, le aconsejaron dirigirse a Barcelona. Allí le atendió la Dra. Elena Arrondo, especialista en esta patología, que tras bajarle la presión intraocular con gotas le dijo que requería una intervención quirúrgica.

Para ello, César pasó previamente por quirófano con el Dr. Corcóstegui, quien le realizó un panfotocoagulación para eliminar los neovasos y preparar la retina, que tenía muy delicada, de cara a la cirugía, y en menos de una semana, le implantaron una válvula para el glaucoma que le ayudó a estabilizar el avance de la enfermedad. Con el glaucoma bajo control, en los próximos meses su retina le volvió a dar problemas: "El Dr. Corcóstegui me diagnosticó una membrana epirretiniana macular, que decidí que me operara para ganar calidad visual, y al cabo de poco tiempo tuve otra hemorragia vítrea, en esta ocasión en el ojo derecho, que requirió una nueva vitrectomía".

Según César, "fueron muchas complicaciones en poco más de medio año; un proceso difícil de sobrellevar en un momento en el que yo tenía 58 años y estaba en la cumbre de mi carrera profesional, a la vez que vislumbraba con ilusión las perspectivas de una jubilación activa dedicada a mis aficiones (los viajes, la entomología…). De repente todo se truncó y tengo claro que, de no haber sido por el Dr. Corcóstegui y por la Dra. Arrondo, “mis dioses”, hoy iría con bastón. Gracias a ellos, puedo desenvolverme con autonomía (voy a comprar, cojo el bus etc.), a pesar de llevar una vida más pausada, y les estoy muy agradecido. Siempre he valorado mi visión, mis ojos son mis ojos, y por eso nunca he dudado en hacer lo que hiciera falta y ponerlos en las mejores manos. En este sentido, en IMO no solo me han dado un trato excelente sino, sobre todo, confianza".