Borja Corcóstegui es un cirujano del "último ojo"

Pasar por el quirófano exige siempre un análisis profundo del cirujano al que el paciente va a confiarle su salud. Y todavía más cuando se trata de casos a vida o muerte.

Según leemos en el reportaje de El País "En buenas manos", dedicado a distintos cirujanos españoles, como Borja Corcóstegui, director del IMO, que han alcanzado niveles de excelencia en su profesión. El día que opera, Borja Corcóstegui no come. Apenas algún zumo, algún caldo, lo justo para no desfallecer. No come porque con la digestión aumenta el ritmo de su corazón, y si está operando siente los latidos en sus manos. Es un movimiento imperceptible, pero él lo nota. "No me gusta, me parece que pierdo precisión", dice. Este detalle da idea de la concentración que exige la especialidad que él ejerce, la microcirugía del ojo. Y explica el nivel de exigencia que le ha convertido en una autoridad indiscutida de la cirugía del vítreo y la retina. El paciente se juega muchas veces el único ojo que le queda, y Borja Corcóstegui no se puede permitir que el latido de su corazón lo ponga en peligro. En cirugía, la disciplina es fundamental. Hay una tradición proclive al despotismo en la que el cirujano adopta la actitud de un mariscal de campo. Hoy el autoritarismo en el quirófano está en crisis, pero ningún equipo llega a buen puerto sin autoridad. Borja Corcóstegui lo tiene muy claro: "El cirujano es el que tiene que tomar las decisiones, el que decide la estrategia y el que dirige; por tanto, no puede echarle la culpa al otro. Cuando yo opero, si algo no va bien soy yo el culpable, porque he de prever que nada pueda fallar". Es extremadamente puntilloso. A ello debe su fama y los resultados del Instituto de Microcirugía Ocular que dirige en Barcelona, porque Borja Corcóstegui es un cirujano del "último ojo". Cuatro de cada 10 pacientes que opera han perdido ya el otro ojo y recurren a él porque quieren asegurarse de que ponen el que les queda en las mejores manos. Unas manos que también operan en el Sáhara, Mozambique o Bolivia, porque Borja Corcóstegui es impulsor de una ONG, Ojos del Mundo, que ha operado a más de 5.000 pacientes. Leer el artículo completo de Milagros Pérez Oliva en El País aquí.