Acudir precozmente al experto, determinante para el pronóstico de los tumores oculares

En el Día Mundial contra el Cáncer, los especialistas de IMO inciden en la importancia de un abordaje temprano y especializado y ofrecen algunas claves para comprender mejor los tumores oculares.

Aunque hay distintos grados de severidady muchos tipos de tumores oculares, su delicada localización hace que sea imprescindible ponerse en manos de especialistas con la mayor prontitud posible. Según la Dra. Eva Ayala –especialista en patologías de la órbita, los párpados y las vías lagrimales–, “no es extraño que nos lleguen a la clínica casos graves y avanzados que, de haber sido tratados adecuadamente y a su debido tiempo, habrían tenido un impacto mucho menor en la salud del paciente”. En este sentido, incluso los tumores benignos deben ser abordados con diligencia, ya que su crecimiento puede afectar a estructuras oculares como el nervio óptico y, por tanto, repercutir en la visión. Asimismo, como recuerda el Dr. Ramón Medel, director del Departamento de Oculoplástica de IMO, “en los tumores malignos, además de la visión también está en juego la vida de la persona”, algo que no debe ser un freno sino un estímulo para confiar en un abordaje experto. De él depende en buena parte el pronóstico visual y vital del paciente, cuya conciencia y conocimiento de la enfermedad es el primer eslabón para el éxito del tratamiento. Con motivo del Día Mundial contra el Cáncer (4 de febrero), ofrecemos:

Algunas claves sobre los tumores oculares:

La gran variedad de tumores oculares, en función de su tipología, localización y tamaño, hace que el criterio del especialista sea fundamental a la hora de seleccionar, aplicar y realizar un seguimiento del tratamiento más adecuado en cada caso.

 

En función de su localización, podemos distinguir diferentes tipos de tumores. Entre los intraoculares malignos, el más frecuente es el melanoma de coroides (capa del globo ocular que se encuentra justo debajo de la retina). Por otro lado, también pueden aparecer tumores malignos en la conjuntiva (membrana transparente que recubre el globo ocular) y en los párpados, siendo los más frecuentes en este último caso el carcinoma basocelular (90% de los tumores en el párpado inferior y 50% en el superior) y el carcinoma escamoso y de glándulas sebáceas (50% restante). Finalmente, y aunque poco comunes, no debemos olvidar los tumores de la órbita, en su mayoría linfomas y de abordaje complejo. Son especialmente severos los tumores orbitarios de la glándula lagrimal.

Generalmente, los tumores de la conjuntiva y los párpados son fácilmente visibles. Mientras que los primeros suelen manifestarse como un cambio de color o textura respecto al resto de tejido o por zonas de bultos y lesiones, los segundos aparecen a menudo en forma de nódulos o úlceras. Estas pequeñas “arrugas” o “granitos” no deben ser menospreciados y, al detectarlos, es importante consultar al oftalmólogo. Las señales de alerta, sin embargo, son menos evidentes en el caso de los tumores orbitarios, que pueden producir dolor, alteraciones en la movilidad ocular, exoftalmos cuando el tamaño del tumor provoca la impresión de “ojos saltones o, cuando se comprime el nervio óptico, pérdida de visión. Esta pérdida de visión, así como un posible desprendimiento de retina, también suele llevar al paciente a visitar al especialista en el caso de los tumores intraoculares (muchas veces asintomáticos en un inicio). De este modo, no solo se puede diagnosticar la existencia de dicho tumor sino que, en muchos casos, se llega a descubrir la existencia de un tumor primario causante de metástasis en el ojo.

La exposición solar es un factor de riesgo para los tumores conjuntivales y palpebrales, por lo que usar gafas con filtrospuede ser una buena ayuda preventiva. Otros tipos de tumores no se pueden prevenir, aunque sí es posible detectarlos precozmente con revisiones oculares periódicas. Por ello, el Dr. José García-Arumí, especialista en tumores intraoculares del Departamento de Retina y Vítreo de IMO, aconseja “hacerse anualmente una exploración rutinaria del fondo de ojo a partir de los 50 años, edad en que es más común que empiecen a aparecer”.

El tratamiento de los tumores oculares depende de su tipo, ubicación y tamaño. En aquellos casos en que son malignos, generalmente requieren ser extirpados mediante cirugía de microincisión, que puede reforzarse con quimioterapia o radioterapia en coordinación con un oncólogo. Asimismo, para el melanoma ocular la terapia de elección suele ser la braquiterapia, que consiste en una placa radioactiva de rutenio o yodo situada durante unos días en la zona tumoral. Al ser local, evita la radiación externa y reduce posibles efectos secundarios, por lo que es una opción mínimamente invasiva que IMO también aplica de forma pionera para tumores de la glándula lagrimal, en combinación con la cirugía.