Autofluorescencia

Profesional realizando pruebas diagnósticas a paciente
Rapidez: alrededor de
5
minutos
Visualización de
200°
de la retina con campo amplio
Atención a
1
capa muy específica: el EPR

¿Qué es la autofluorescencia?

La autofluorescencia es una técnica que permite visualizar con alto grado de detalle los cambios metabólicos que se producen en el epitelio pigmentario de la retina (EPR), una capa fundamental para la buena salud de las células fotorreceptoras.

La información aportada por esta prueba ayuda al oftalmólogo a estudiar el origen y la evolución de determinadas patologías retinianas para hacer un diagnóstico más preciso y seleccionar el tratamiento más indicado en cada caso.

¿En qué consiste?

La autofluorescencia aprovecha las propiedades fluorescentes de un indicador metabólico llamado lipofuscina, que se encuentra presente en el fondo ocular como resultado de la estimulación lumínica de los pigmentos celulares del epitelio pigmentario de la retina.

Gracias al desarrollo de las tecnologías de diagnóstico por la imagen, el estudio de los patrones de acumulación de la lipofuscina puede realizarse de forma no invasiva para el paciente, visualizando in vivo sus depósitos, ya que un aumento o descenso en determinadas zonas es el reflejo de alteraciones patológicas.

Para alcanzar incluso las áreas más periféricas son de gran utilidad los sistemas de campo amplio, que requieren una única captura de imagen para visualizar 200° de la retina (frente a los 30-45° de campo central).

Prueba Autofluorescencia

¿Cómo se realiza?

Esta prueba se realiza en unos 5 minutos. Para llevarla a cabo es necesario dilatar previamente la pupila con gotas (colirios midriáticos) que hacen efecto en unos 15 minutos. Como consecuencia del aumento del diámetro pupilar, el paciente experimenta visión borrosa y deslumbramiento, síntomas que desaparecen pasadas unas horas.

¿En qué casos se utiliza?

La autofluorescencia está indicada para pacientes con patologías de la retina que afectan al epitelio pigmentario, siendo las distrofias retinianas y la DMAE las principales, además de la toxicidad medicamentosa, la uveítis posterior o algunos tumores intraoculares, entre otros.

Esta técnica es especialmente útil en pérdidas de agudeza visual que ocurren de forma inexplicable y en las distrofias hereditarias de la retina, como la retinosis pigmentaria o la enfermedad de Stargardt. Se ha visto que los procesos involucrados se relacionan con alteraciones en esta capa, lo que puede ayudar a identificar el tipo concreto de distrofia y orientar el consejo genético.