¿Desinterés por la lectura o problema de visión?

La hipermetropía pasa muchas veces desapercibida, pudiendo provocar “ojo vago” en la infancia, además de cansancio ocular a la hora de leer, tanto en niños como en adultos.

fotografía niño leyendo libro con gafas

Aprender, soñar, relajarse, vivir aventuras, viajar a otras épocas y países… todo esto es posible gracias a la lectura, una afición que celebramos el 23 de abril con motivo del Día Mundial del Libro y que, en muchas ocasiones, empieza a cultivarse desde la infancia. Sin embargo, hay niños que parecen no mostrar interés por la lectura y, lejos de sumergirse en las historias, se muestran despistados e inquietos y tienen dificultades para concentrarse. En ocasiones, esta actitud puede responder a la presencia de un problema de visión muy frecuente entre los más pequeños: la hipermetropía.

De hecho, este es el defecto refractivo más común en edad infantil y se produce cuando el diámetro del globo ocular es menor de lo habitual y, en consecuencia, las imágenes no se enfocan sobre la retina (visión nítida) sino detrás de ella (visión borrosa, especialmente de cerca). Dado que los ojos están en proceso de desarrollo durante la infancia, la mayor parte de los niños nacen hipermétropes y, a medida que van creciendo, el defecto refractivo disminuye y se corrige por sí solo. Es lo que se conoce como hipermetropía fisiológica y no debe alarmar a los padres, aunque, como destaca la Dra. Ana Wert, “más de 2 o 3 dioptrías no están dentro de los valores normales”.

Estos casos a menudo pasan desapercibidos, ya que los niños compensan este defecto refractivo utilizando la gran capacidad de acomodación (enfoque) que tiene el cristalino, es decir, la lente natural, de un ojo joven. Además, según la oftalmóloga de IMO, “los niños se adaptan fácilmente a su grado de visión porque nunca han visto mejor y es lo usual para ellos”. No obstante, el esfuerzo visual que deben hacer para enfocar puede provocarles cansancio ocular y, como consecuencia, hacerles rechazar el hábito de la lectura.

Por otro lado, si la hipermetropía es muy alta o afecta de forma desigual a ambos ojos puede provocar una ambliopía u “ojo vago”, un ojo que deja de utilizarse por presentar un mayor defecto refractivo. Esta pérdida de visión puede llegar a convertirse en crónica si no se corrige durante la infancia, algo que requiere de una actitud preventiva, ya que a menudo pasa desapercibida porque el niño ve bien con el otro ojo y se desenvuelve con aparente normalidad.

De ahí la importancia de actuar a tiempo gracias a revisiones oculares periódicas, a partir de los 3 años, que permitan detectar el defecto refractivo que se esconde detrás de estos problemas y tratarlo con la corrección óptica adecuada. Un tratamiento con gafas suele ser suficiente para acercarles a la lectura y a otras aficiones y actividades cotidianas que el déficit visual les hacía rehuir, como demuestra el caso de Daniel, a quien diagnosticaron 7 dioptrías de hipermetropía (alrededor de un 30% de visión) sin que su familia hubiera percibido nada.

También en adultos

Conocer los antecedentes familiares es una buena ayuda para estar alerta, ya que existe un importante componente hereditario. Por tanto, tienen más posibilidades de padecer este defecto refractivo, que se calcula afecta a un 10% de la población, aquellas personas con padres hipermétropes.

Cuando la hipermetropía persiste en la edad adulta –generalmente sin evolución– y se desea prescindir del uso de gafas o lentes de contacto, hay diferentes técnicas quirúrgicas a las que se puede optar, personalizando el tratamiento según indicación del especialista: cirugía refractiva láser, implante de lentes intracorneales o  lentes intraoculares, tanto fáquicas (sin sustitución del cristalino), como pseudofáquicas (con sustitución del cristalino).

Esta última opción suele estar recomendada en pacientes a los que se suman otros problemas como la presbicia. “Con la edad, la hipermetropía se ve agravada por la “vista cansada”, ya que ambas afectan a la visión cercana”, explica el Dr. Daniel Elies, quien añade que no deben confundirse. Mientras que la primera está provocada por una menor longitud del globo ocular, la segunda es fruto del proceso degenerativo del ojo y la consiguiente pérdida de acomodación del cristalino. Pero más allá de sus causas, “la diferencia que pueden notar los pacientes es que la hipermetropía también repercute en la visión lejana, no así la presbicia”, concluye el especialista.