Pablo Méndez

Un imprevisto traumatismo en el ojo motivó la visita de Pablo a IMO: su familia reaccionó con rapidez trayéndolo al servicio de urgencias del Instituto y los especialistas también actuaron sin demora para realizarle una reconstrucción orbitaria. La confianza de estar en buenas manos preservó la calma en una situación de gravedad inesperada que se solventó con éxito.

Testimonio Pablo Méndez - Dr. Ramón Medel

Pablo, de 7 años, sufrió una fuerte contusión en el ojo izquierdo mientras jugaba en el patio del colegio. El dolor le impedía abrirlo y no cesaba de llorar, lo que tenía en vilo a su abuelo, Enrique Méndez, quien lo llevó de inmediato al servicio de urgencias de IMO. A pesar del fuerte golpe que había recibido el niño, la familia no llegaba a intuir qué se escondía verdaderamente detrás de esa lesión: “No éramos conscientes de la gravedad del caso hasta que llegamos aquí”, explica su madre, Gloria.

En el Instituto les atendió la Dra. Ana Wert –especialista del Departamento de Oftalmología Pediátrica, Estrabismo y Neuroftalmología–, quien, mediante un cuidadoso examen, detectó que, más allá del evidente hematoma, Pablo sufría una limitación de la motilidad ocular y diplopía (visión doble). Ante estos signos, remitió el caso con diligencia a su compañero del Departamento de Oculoplástica, el Dr. Ramón Medel, quien también atendió a Pablo en ese mismo instante. Un TAC confirmó pronto las sospechas de los especialistas: el pequeño tenía una fractura de órbita con pinzamiento de uno de los músculos oculares, que, a causa del desplazamiento del ojo por el traumatismo, había quedado atrapado por el hueso roto. Esta era la causa del estrabismo y de la visión doble que experimentaba Pablo, además de provocarle un cuadro vagal, con mareos, náuseas y disminución de la frecuencia cardíaca. “Se trata de una sintomatología que puede dar complicaciones y, por ello, debíamos realizar una intervención de urgencia”, explica el Dr. Medel.

Al día siguiente, Pablo se vestía de “Batman azul” y, con la fuerza que le dio su disfraz de superhéroe que, en realidad, era el pijama quirúrgico, y el apoyo incondicional de su madre y de su abuelo, entró en la sala de operaciones de IMO. “El circuito fue muy fluido y, pese al sufrimiento inevitable y el apremio de las circunstancias, estuvimos informados en todo momento. Nunca tuvimos la sensación de estar ‘abandonados’ a nuestra suerte”, asegura Gloria, quien valora la combinación de calidez humana y vanguardia técnica del Instituto.

Cuidado de los detalles

En el quirófano, el Dr. Medel practicó a Pablo una reconstrucción orbitaria con una placa biocompatible para reemplazar el frágil hueso dañado. Como puntualiza el especialista, “trabajamos a un nivel muy profundo –hasta 4 cm de profundidad de la superficie ocular– a través de una microincisión no visible en el pliegue interno del ojo, que nos permitió aproximarnos a la fractura de órbita y restaurarla completamente”. Asimismo, en la operación también se pudo liberar el músculo atrapado, lo que, en las siguientes semanas, hizo desaparecer la visión doble de forma natural.

Para la madre de Pablo, el acompañamiento posterior a la cirugía también fue muy importante y la buena evolución del niño devolvió progresivamente la tranquilidad a la familia, satisfecha de la decisión de haber acudido a las urgencias de IMO cuando ocurrió la contusión. En este sentido, destaca no solo el exitoso resultado obtenido, sino también todo el proceso vivido en IMO, algo en lo que coincide el aguerrido abuelo, que no se despegó ni un segundo de su nieto.

La voz de la experiencia

“He viajado por varios continentes, he vivido una década en Guinea y durante más de 33 años he ocupado un puesto de responsabilidad en Nestlé. Todo ello me ha permitido relacionarme con muchas entidades y tratar a muchas personas, aunque me he quedado impresionado por la eficacia y, sobre todo, el excepcional nivel humano que hemos encontrado en IMO. Desde la primera persona que nos atendió hasta la última, todos nos han tratado con una educación y un respeto exquisitos, haciéndonos sentir una total confianza”, asegura Enrique.

A sus casi 90 años, recuerda los tres principios básicos que le inculcaron de pequeño y que ha intentado llevar a la práctica durante toda su vida –“respeto, verdad y perdón” –, por lo que asegura que no olvidará los detalles de calidad humana que se lleva de esta experiencia. Es el caso de Alfons, enfermero responsable del Área de Fotografía Oftalmológica y Pruebas Diagnósticas del Instituto, que les acompañó personalmente al centro hospitalario donde realizaron el TAC a Pablo y “demostró una gran paciencia y amabilidad”. También pone de relieve la “cercanía y cordialidad” de la Dra. Wert y del Dr. Medel, de cuyo tono optimista se dejó contagiar en unos momentos de sufrimiento por su nieto.

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