Los avances en tecnología y en investigación genética y celular queman etapas en la lucha contra la ceguera por patología de retina

La nueva generación de chips de retina, cuyo primer prototipo podría testarse en unos meses en un ojo humano, está llamada a iniciar el salto definitivo en visión artificial: pasar de captar la luz a permitir reconocer rostros

El futuro en la lucha contra la pérdida severa de visión provocada por patologías que afectan a las células fotorreceptoras de la retina avanza por dos vías paralelas -la visión artificial mediante el chip de retina y el desarrollo de terapias génicas y celulares- que podrían llegar a complementarse unas a otras, según coincidieron los investigadores de Pixium Vision y especialistas en genética y en retina de IMO, en un acto sobre Visión Artificial, organizado por el Instituto con motivo del Día Mundial de la Visión. Así, el evento, que incluyó tres conferencias y una mesa redonda, se cerró con una doble conclusión: “la visión artificial ya es una realidad, aunque estamos al principio del camino” y “la prevención, concretamente las terapias génicas y celulares, van a tener un papel destacado en los próximos años en la lucha contra la ceguera por distrofias de retina”. Por lo que se refiere a la visión artificial, el reto que en este momento tienen entre manos los investigadores es doble: por un lado, mejorar la resolución de las imágenes que percibe el paciente a través de los dispositivos de estimulación eléctrica de la retina y, por otro, lograr que los resultados de estos chips, una vez implantados, se mantengan a medio y largo plazo. Para comprobar si este doble reto está superado, Pixium Visión, uno de los pocos grupos en el mundo dedicado a desarrollar dispositivos de visión artificial, puso en marcha en septiembre un estudio clínico multicéntrico europeo, con un nuevo chip de retina, IRIS®II, en el que IMO participa como único centro en España.

Sin embargo, las investigaciones en este campo no se detienen y, en paralelo, la compañía ya trabaja en un reto superior y con un nuevo prototipo, PRIMA, el primero de una nueva generación de estimuladores eléctricos de la retina, llamada a dar el gran salto en visión artificial, haciendo posible que los pacientes pasen de percibir luz a reconocer rostros. El camino para conseguirlo podría empezar en breve, ya que Pixium Vision, que ya ha testado este nuevo desarrollo en ratones, prevé iniciar el estudio en ojos humanos a finales del 2016, según anunció Khalid Ishaque, CEO de la compañía, en el acto organizado el 11 de octubre, con motivo del Día Mundial de la Visión (jueves 13 de octubre). Según el director de estudios clínicos de Pixium Vision, Ralf Hornig, los investigadores han diseñado el nuevo dispositivo buscando una mayor definición de la imagen, para lo que han dotado de 400 electrodos (se espera llegar a los 1.600 en modelos más evolucionados) al panel de microfotodiodos, una especie de miniplacas solares, que configuran el nuevo chip. Se trata de un salto de potencia destacable, si lo comparamos con el primer modelo del IRIS® (50 electrodos) y el actual, el IRIS®II, con 150 electrodos. En Pixium Vision saben que la resolución de la imagen es muy importante para mejorar los resultados, pero también han comprendido que el factor clave no es ése, sino conseguir hablar el lenguaje del cerebro, empezando por un objetivo que no es menor: “que los estímulos que captamos y procesamos de forma artificial conecten con las células ganglionares de la retina, ese millón largo de células que, mediante las neuronas, reciben estímulos visuales de los fotorreceptores y conducen la información resultante al cerebro”, explica Ishaque.

Ralf Hornig, director de estudios clínicos de Pixium Vision.

Precisamente, PRIMA está diseñado para implantarse por debajo de la retina, donde se encuentran los fotorreceptores y células afectadas en los pacientes diana, con el objetivo de emitir señales al cerebro de forma más biológica. Otros avances que incorpora la nueva generación de chips son su reducido tamaño, su sistema de cámara que actúa como una especie de proyector de diapositivas que transmite luz a los electrodos de forma inalámbrica y su sistema de implante, que reducirá el tiempo quirúrgico de dos horas y media a una y media.

El testimonio de Tim Reddish

En cualquier caso, un abismo comparado con las 14 horas de quirófano que necesitó el equipo que, en 2012, implantó un chip de retina, en este caso de otro grupo investigador, a Tim Reddish, ex medallista paralímpico que perdió la visión a causa de una retinosis pigmentaria y que también participó el pasado martes en la jornada organizada por IMO. Reddish ofreció una conferencia en la que se refirió al día de la operación como el “día D”, pese a que, más allá de las expectativas que manejara entonces, el implante no acabó teniendo un gran impacto en su biografía personal como invidente, aunque sí sirvió, según afirma él mismo, para mejorar la vida de otras personas en el futuro. La contribución de los pacientes receptores del chip de retina es fundamental para el progreso científico y, en su caso, le permitió experimentar algunos cambios en su percepción visual durante algo más de nueves meses, período tras el cual, el dispositivo dejó de funcionar. Lo que Reddish percibió durante esos meses fue algo parecido a la luz de un flash en una habituación oscura, una percepción plana, carente de tridimensionalidad y que apenas le servía para tener una mínima orientación del espacio, según relata. Reddish recuerda la cantidad de horas de entrenamiento para adaptarse al dispositivo y volver a “aprender a ver con él”, algo en cuya importancia insisten también los investigadores de Pixium Vision, para quienes la “reeducación” del paciente con el chip implantado es una parte disociable del éxito del dispositivo.

Terapias génicas y celulares

En paralelo al desarrollo de la visión artificial, avanzan otras opciones de carácter más preventivo, como las terapias génicas, cuya estrategia se basa, principalmente, en el reemplazo o substitución del gen defectuoso por uno sano, para evitar así la progresión de la patología, según explicó la Dra. Marina Riera, del Departamento de Genética de IMO durante una mesa redonda en la que, además de Reddish y los portavoces de Pixium Vision, también intervinieron los doctores Borja Corcóstegui, Anniken Burés y Rafael Navarro, especialistas en retina del Instituto. Según la genetista, estas terapias dependen de la causa molecular de la enfermedad, por lo que solo son aptas para aquellos pacientes en los que previamente se haya identificado el gen patogénico. Este condicionante complica la aplicación del tratamiento, pero, a su vez, hace posible diseñar la estrategia más óptima para cada paciente (medicina personalizada) y, por ello, IMO tiene en marcha dos estudios al respecto. Algo por detrás van las investigaciones en terapia celular, que consiste en la introducción de células sanas en los tejidos dañados, normalmente diferenciadas (es decir, “programadas” para desarrollar las funciones del tejido afectado) a partir de células obtenidas de otro tejido y cultivadas en el laboratorio. Según la genetista de IMO, “estas terapias cobran gran relevancia, al ser independientes de la causa genética y poder ser aplicadas también en estadios más avanzados de la enfermedad”. No obstante, “su dificultad recae en que las células trasplantadas no solo deben ser capaces de integrarse en el nuevo tejido, sino también cumplir con las complejas funciones de las células retinianas, sin serlo previamente y habiendo sido cultivadas artificialmente en el laboratorio”.