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Cómo llegar

Nuestro equipo médico te examinará y te indicará el tratamiento médico o quirúrgico apropiado.
En ocasiones es mejor no intervenir en ese momento, aunque se trate de una lesión grave, ya que el caso debe ser estudiado con detenimiento para que la cirugía sea lo más eficaz posible. Las intervenciones quirúrgicas de urgencias también las realizan los doctores de cada subespecialidad de IMO.

¿Ante qué síntomas debo acudir a urgencias oftalmológicas?

Debes acudir a urgencias oftalmológicas si:

¿De qué depende el grado de urgencia?

En líneas generales, el grado de la urgencia depende de dos factores: la naturaleza del síntoma y la duración del mismo.

  • Si experimentas una pérdida de visión, dolor ocular, sufres un traumatismo en el ojo o sientes un cuerpo extraño, debes acudir al oftalmólogo con urgencia.

 

  • Otro tipo de síntomas permiten un margen de 1 ó 2 días para visitar al oftalmólogo. Algunos ejemplos serían: visión doble, cuerpos flotantes y centelleos, fotofobia y visión borrosa.

 

  • En ciertos casos, tienes un margen de hasta 3 semanas para acudir al oftalmólogo. Por ejemplo, si notas molestias en el ojo, lagrimeo, exudación o rojez, caída del párpado superior (ptosis), proptosis (ojo saltón) o tumores en los párpados.

 

¿Por qué es recomendable acudir directamente a un oftalmólogo de urgencias?

Cuando experimentamos una pérdida brusca de visión, dolor ocular o sufrimos un traumatismo, nuestra primera reacción es acudir a urgencias al hospital más cercano. Aunque allí nos harán una primera evaluación, en la mayoría de los casos, nos derivarán al oftalmólogo. Por ello, es recomendable acudir directamente al especialista, para que diagnostique el grado de emergencia y en caso necesario, realice el tratamiento de forma inmediata.

Consultar al especialista con rapidez puede evitar complicaciones y, en algunos casos,
salvar la visión

En un alto porcentaje de los casos, el paciente que acude a urgencias sale con el problema solucionado. En otros casos más graves, el futuro funcional de la visión depende de ese examen urgente en el que se realiza un rápido diagnóstico y se determina si debe intervenirse con celeridad.

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Pérdida o disminución de la visión

La pérdida o disminución súbita de la visión es un motivo importante para acudir a la consulta de urgencias. A menudo, el paciente no tiene sensación de gravedad porque no sufre dolor o porque pierde sólo parte del campo visual o sólo en un ojo, por lo que tarda en percatarse de su deficiencia.

Un caso típico es el desprendimiento de la retina, que puede ser gradual o súbito. Si afecta a la mácula (parte central de la retina) se trata de una urgencia importante. Si se trata de un desprendimiento de retina crónico no requiere una actuación inmediata. En cualquier caso, ésto lo determinará el oftalmólogo de urgencias.

Por otro lado, la visión de moscas volantes, flashes, etc. suele ser síntoma de desprendimiento de vítreo, un problema que a veces es precursor de un desprendimiento de retina. Si bien este problema puede aparecer de forma independiente, requiere seguimiento para evitar un posible desprendimiento de retina posterior.

Otras patologías con pérdida de visión son la hemorragia del vítreo, muchas veces relacionada con la retinopatía diabética, las oclusiones vasculares y otros procesos retinianos. Si la pérdida de visión está relacionada con un postoperatorio oftalmológico, el paciente debe ser atendido sin demora.

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Traumatismos

Los traumatismos oculares ocupan, junto a enfermedades infecciosas y patologías como la catarata y el glaucoma, un lugar destacado entre las principales causas de ceguera en el mundo. Son relativamente frecuentes y algunos requieren tratamiento urgente.

Estos son algunos de los traumatismos más habituales:

Laceraciones, quemaduras y fracturas: entre los daños producidos por traumatismos oculares destacan la laceración palpebral (herida en el párpado), quemaduras en el párpado o fractura de los huesos orbitarios. Los traumatismos también pueden provocar erosiones corneales que, si afectan a la superficie corneal, son muy dolorosas pero revisten poca gravedad y si son bien tratadas, se curan en 24-48h. En cambio, si afectan al centro de la córnea, puede quedar una cicatriz y provocar una pérdida de visión.

Algunos traumatismos pueden ser no penetrantes y no perforantes, como la abrasión de la córnea, una lesión superficial, que es dolorosa pero normalmente leve. Con frecuencia, se deriva de un arañazo producido por niños pequeños o por un vértice de una hojas de una  planta o de un papel…

Cuerpos extraños: uno de los daños oculares más frecuentes es el causado por el impacto de cuerpos extraños en la córnea, arrastrados por el viento o que se depositan en ella. También al realizar determinados trabajos, como los que implican manipulación de materiales. Es un traumatismo que suele molestar y doler, pero que puede ser aliviado de forma inmediata si se acude a urgencias. Hasta ese momento, el afectado debe intentar no parpadear para evitar que la partícula introducida en la córnea vaya arañando la superficie ocular: una buena solución es tapar el ojo.

Quemaduras químicas: otro tipo de traumatismos no perforantes son las quemaduras químicas, generalmente provocadas por productos de limpieza o de laboratorio o por el líquido de batería, un ácido especialmente corrosivo y peligroso. Las quemaduras químicas, sobre todo por álcalis, pueden provocar gran pérdida de visión. En estos casos, el paciente debe lavar el ojo inmediatamente con agua del grifo, antes de acudir a urgencias ya que, a menudo, el grado de lesión dependerá de ese lavado inmediato, más que del tratamiento posterior. Las quemaduras térmicas, con agua o aceite hirviendo (las más corrientes en los niños), no suelen ser graves.

Explosivos y material pirotécnico: en el caso de heridas por explosivos o material pirotécnico, muy habituales en las verbenas, el daño ocular puede ir desde pequeñas quemaduras en los párpados y erosiones en la superficie de los ojos, hasta mutilaciones de tejidos y estallido del ojo con pérdida de su contenido. En cualquier caso, hay que acudir rápidamente al oftalmólogo, ya que a veces lesiones no dolorosas son muy graves y viceversa. Antes de acudir a urgencias, es conveniente presionar suavemente la zona afectada para cortar la hemorragia, pero evitando comprimir el globo ocular. Además, debe limpiarse el contorno del ojo con una gasa limpia empapada en agua para eliminar las partículas que puedan seguir dañando el ojo.

Rayos ultravioleta: también se producen traumatismos en la superficie del ojo por exposición a rayos ultravioletas como: la luz solar, especialmente cuando incide sobre la nieve en regiones de alta montaña; las máquinas de bronceado artificial; o los arcos de soldadura (soplete). Los instrumentos de soldadura afectan no sólo a quienes los utilizan, sino también a quienes miran mientras son manipulados. Es importante saber que este tipo de lesión superficial de la córnea (queratitis), que produce dolor y visión borrosa, tarda unas horas en dar síntomas (tiempo de latencia).

Contusiones: la contusión que se produce cuando algo impacta directamente en el ojo es otra de las urgencias típicas por traumatismo. Este tipo de lesión se producen en el marco de peleas (puñetazos, pedradas…), juegos infantiles o de deportes, como el tenis y, sobre todo, el squash. Cuando el impacto no se produce directamente en el ojo, (puede ser, por ejemplo, en la cabeza), pero éste también queda afectado, hablamos de concusión. En ocasiones, la lesión ocular derivada puede ser grave, como en el caso de la onda expansiva de una explosión o de un accidente de tráfico: el impacto del volante contra el tórax puede producir lesiones en la retina de diversa categoría.

Perforaciones: por lo que se refiere a los traumatismos penetrantes o perforantes, heridas producidas por juguetes puntiagudos, alfileres, cuchillos, lápices, trozos de vidrio, herramientas cortantes, etc., pueden no tener importancia alguna o ser muy graves, por lo que es importante consultar al oftalmólogo de inmediato. Las heridas graves suelen requerir tratamiento quirúrgico, en ocasiones con participación de cirujanos oftalmólogos de diferentes subespecialidades: retina, segmento anterior, párpados, órbita…

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Dolor

Uno  de los procesos oculares que con frecuencia causa dolor es el glaucoma agudo –de ángulo cerrado–, que causa un intenso dolor de todo el globo ocular y sus alrededores (hace unos años conocido como “dolor de clavo”). Este síntoma puede ir acompañado de visión borrosa y ojo muy congestivo (rojo). También de náuseas y vómitos, lo que hace que algunos pacientes acudan a urgencias de medicina general o al digestólogo, al relacionar estas indisposiciones con procesos gastrointestinales. Afortunadamente, cada vez se dan menos casos de glaucoma agudo, gracias a la medicina preventiva y a la profilaxis; la visita anual al oftalmólogo a partir de los 40 años, un hábito cada vez más extendido, es fundamental para evitar llegar a situaciones límite. Otros causas de dolor ocular puede ser la introducción de un cuerpo extraño en el ojo o las migrañas.

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Ojo rojo

Los procesos que conllevan rojez ocular, pueden ocasionar también dolor, además de alteraciones visuales. Este tipo de lesiones suelen estar relacionadas con infecciones, generalmente de la conjuntiva, siendo la conjuntivitis la de mayor incidencia.

Las conjuntivitis, infecciosas o alérgicas, suelen tener evoluciones benignas y por lo general no afectan a la visión, pero hay que tener en cuenta que pueden complicarse si no se tratan adecuadamente. Algunos síntomas de complicación podrían ser dolor intenso, imposibilidad de abrir el ojo, fotofobia, o hinchazón significativa de los párpados y los tejidos adyacentes de la cara, especialmente con fiebre.

Otra causa frecuente de inflamación de la conjuntiva y también de la córnea (queratoconjuntivitis) es el uso prolongado de las lentes de contacto o la intolerancia a las soluciones de limpieza. Algunas situaciones en los portadores de lentillas pueden favorecer la presencia de una úlcera corneal, generalmente infecciosa, que puede producir un enrojecimiento ocular acompañado de dolor y pérdida de visión debido a la presencia de una mancha blanca en la córnea. Una rápida visita al oftalmólogo es indispensable para evitar consecuencias que pueden llegar a ser severas, como la generación de una cicatriz definitiva (leucoma corneal) o, incluso, la perforación ocular.

Otro tipo de infecciones son las que se producen en el saco lagrimal. Los casos agudos suelen ser dolorosos y requieren tratamiento con antibióticos aunque son frecuentes las recurrencias. El tratamiento quirúrgico definitivo se realiza una vez ha remitido la infección. Las uveítis y el glaucoma agudo también producen ojo rojo.

Ante la diversidad de patologías asociadas al ojo rojo, el diagnóstico de cada una requiere del conocimiento de todos los síntomas que acompañan al aspecto rojizo del ojo. Así, por ejemplo, es típico encontrar picor en las reacciones alérgicas, sensación de cuerpo extraño en las conjuntivitis o el dolor del glaucoma y la uveítis.

En las uveítis agudas, especialmente iridociditis, el ojo se pone congestivo, con dolor y típicamente sin secreción (legañas). En el glaucoma agudo, el aumento de la presión ocular produce la congestión con importante dolor y pérdida visual severa.

 

En un alto porcentaje de los casos, el paciente que acude a urgencias, sale con el problema solucionado. En otros casos más graves, el futuro funcional de la visión depende de ese examen urgente, en el que se realiza un rápido diagnóstico y se determina si debe intervenirse con celeridad.

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