La diabetes, una enfermedad que amenaza la visión y que no avisa

Con el objetivo de fomentar la prevención por el Día Mundial de la Diabetes, nos acercamos al testimonio de uno de nuestros pacientes, quien descubrió que tenía esta patología y una consiguiente retinopatía diabética cuando ya estaba en fase muy avanzada.

Con el objetivo de fomentar la prevención por el Día Mundial de la Diabetes, nos acercamos al testimonio de uno de nuestros pacientes, quien descubrió que tenía esta patología y una consiguiente retinopatía diabética cuando ya estaba en fase muy avanzada.

El Día Mundial de la Diabetes, que se celebra el 14 de noviembre, moviliza cada año a la sociedad para concienciar sobre esta “pandemia del s.XXI”, que según la OMS ya afecta a más de 400 millones de personas y cuya prevalencia podría duplicarse en las próximas dos décadas. Sin embargo, aunque crece la alerta sobre esta enfermedad, todavía son muchos los pacientes que desconocen que tienen diabetes: en nuestro país, por ejemplo, se estima que hay más de 5 millones de afectados y cerca de 2 millones que aún no han sido diagnosticados (datos de la Fundación Española de Diabetes). La razón es que se trata de una patología silenciosa, como también lo son las complicaciones oculares que puede desencadenar a raíz de años de mal control metabólico. Así lo demuestra el testimonio de César González, quien, a pesar de ser médico y estar familiarizado con la importancia de cuidar la salud, nunca había pensado que podía ser diabético, hasta que unas vacaciones le apareció una mancha en el ojo derecho y acudió a sus compañeros del servicio de oftalmología del hospital de Zaragoza en el que trabajaba. Allí le diagnosticaron una retinopatía diabética en fase muy avanzada. “Descubrí por sorpresa que tenía no solo la retina en muy mal estado, sino también el azúcar por las nubes, lo que había provocado el daño sin que yo me diera cuenta”, nos explica.

Hacer frente a las complicaciones de la diabetes

Una vez supo que era diabético, César tomó las riendas de su enfermedad y empezó a llevar una monitorización estricta, además de seguir el tratamiento indicado para su retinopatía diabética. Tras dos años con la enfermedad aparentemente bajo control, decidió que sería interesante tener una segunda opinión de un especialista y sus oftalmólogos le recomendaron venir a IMO. De camino al Instituto, mientras iba conduciendo en el coche, notó “algo extraño en el ojo izquierdo, como una gota de tinta en un vaso de agua difuminándose”, y perdió la visión. Cuando llegó al centro, el Dr. Corcóstegui le confirmó que se trataba de una hemorragia vítrea a causa de la retinopatía diabética y, al día siguiente, se puso en sus manos para ser operado.

César en uno de sus controles con el Dr. Corcóstegui, ya que las revisiones oculares periódicas son indispensables en los pacientes diabéticos y deben intensificarse en caso de algún problema.

 

Pasado un tiempo, César volvió a sufrir una hemorragia vítrea en el ojo derecho, que se sumó a otros problemas retinianos y a un glaucoma, de los que fue intervenido con éxito en IMO. Pero, como reconoce, “fue un proceso difícil de sobrellevar en un momento en el que yo estaba en la cumbre de mi carrera profesional y vislumbraba con ilusión las perspectivas de una jubilación activa dedicada a los viajes, la entomología… De repente todo se truncó y tengo claro que, de no haber sido por el Dr. Corcóstegui y por la Dra. Arrondo, especialista en glaucoma, hoy iría con bastón”. Afortunadamente, César puede desenvolverse con autonomía y su experiencia le ha hecho valorar aún más la importancia de una buena visión: “Siempre he tenido claro que mis ojos son mis ojos y, por eso, nunca he dudado en hacer lo que hiciera falta y acudir a un lugar de máxima confianza”. No obstante, el primer paso fue ser consciente de la diabetes, cuya prevención es muy importante, ya que un diagnóstico precoz evita la pérdida de visión en más del 90% de los casos.